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Intercambio de cromos de futbolistas

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

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Recuerdo la emoción con la que, de pequeños, en el barrio, intercambiábamos cromos de futbolistas para completar el álbum, una tarea que resultaba imposible porque al final, invariablemente, siempre nos faltaba algún jugador –curiosamente, a todos el mismo–. Aunque a medida que fuimos creciendo abandonamos aquellos intercambios de cromos, veo que todavía hay gente crecidita que mantiene viva la afición, aunque no con aquellos retratos no siempre favorecedores, sino con los futbolistas de verdad, los de carne y hueso. En las últimas horas hemos asistido a un intercambio de jugadores entre clubes, en lo que ha parecido que los futbolistas eran objetos, mercancía. Sí, es verdad que ganan cantidades obscenas de dinero por pegar cuatro patadas a un balón, pero creo que merecen ser tratados con un poco más de dignidad. Eso de que en unos despachos se decida en cuestión de minutos, con nocturnidad, a qué equipo y a qué ciudad tendrás que mudarte sin contar contigo debe de ser una situación muy extraña. Sobre todo, cuando se arrastra a una familia y a unos niños pequeños. Sí, ya sé que se trata de unos privilegiados y de que el mundo del fútbol es así. Pero ello no significa que estas transacciones, estos intercambios de cromos, sean dignos. Al fin y al cabo, estamos hablando de personas.

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