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Opinion Editorial

Investidura anti-Ballesteros

El programa común de ERC, Junts per Tarragona, En Comú Podem y la CUP ha sido desbancar al actual alcalde Ballesteros

 

Diari de Tarragona

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Ballesteros tiene las horas contadas al frente del Ayuntamiento de Tarragona. PERE FERRÉ

Ballesteros tiene las horas contadas al frente del Ayuntamiento de Tarragona. PERE FERRÉ

El período de pactos en Tarragona se da por terminado y, de no surgir una sorpresa mayúscula, Pau Ricomà se convertirá mañana sábado en el nuevo alcalde de la capital. El candidato de ERC ha conseguido sumar los 14 votos necesarios que dan la mayoría absoluta imprescindible para desbancar al candidato más votado, que fue el hasta ahora alcalde, Josep Fèlix Ballesteros. La asamblea de Junts per Tarragona (el entorno de la antigua Convergència) avaló de forma unánime otorgar sus tres votos a la candidatura de ERC después de pactar un acuerdo programático de once puntos. Ricomà ya obtuvo previamente el apoyo de En Comú Podem y de la CUP que, desde el primer momento expresó su deseo de mandar a Ballesteros a la papelera de la historia, por utilizar la terminología de los antisistema. De esta manera, Pau Ricomà accederá a la máxima responsabilidad municipal gracias a una alianza muy transversal ideológicamente que ha tenido como principal factor aglutinador el deseo de desbancar de la alcaldía a Josep Fèlix Ballesteros y al PSC, que llevan ostentando el poder desde 2007. Es evidente que los once puntos programáticos en los que Junts per Tarragona basa su apoyo a ERC son perfectamente asumibles por los socialistas. Pero había en los postconvergentes un objetivo político mayor, trufado de animadversiones personales: cargarse a Ballesteros. Y al fin lo han conseguido. El mismo objetivo pretendían los dos concejales de la coalición En Comú Podem, que no así la dirección nacional de la confluencia de izquierdas, cuyas llamadas a sus colegas de Tarragona han sido infructuosas. El objetivo de la CUP era obvio, no de ahora, sino desde el inicio del mandato de Ballesteros, a quien siempre han tenido entre ceja y ceja (la CUP denunció el caso Inipro). Es pues un gran concierto anti Ballesteros el que llevará a Ricomà a la alcaldía, un factor que añadirá dificultades a su singladura. Las investiduras a la contra son malos cimientos para la gobernanza. Por el bien de Tarragona, ojalá Ricomà contradiga la norma.

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