Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Opinion EDITORIAL

Investigaciones y concentraciones

El desastroso legado del exministro Jorge Fernández Díaz es que ya no podemos fiarnos plenamente de ninguna investigación policial relacionada con la política catalana

Diari de Tarragona

Whatsapp
Rajoy recibe el aplauso de los seguidores de su partido. EFE

Rajoy recibe el aplauso de los seguidores de su partido. EFE

Todo lo relativo al proceso independentista es ya el problema central del país, de Catalunya y también de España. Quienes lo consideraban un debate artificioso, un suflé o incluso negaban su existencia, se han dado de bruces con la realidad. La aprobación por el Parlament de la Ley del Referéndum y de la Ley de Transitoriedad Jurídica ha desatado una crisis de Estado sin precedentes, y la contraofensiva jurídica y policial emprendida por el Gobierno en defensa de legalidad constitucional no ha hecho más que empezar. Los días que quedan hasta el 1 de octubre serán largos y cargados. Catalunya está dividida en dos mitades; una independentista y la otra no, en sus diversas variantes, aunque es evidente que el soberanismo tiene mucha más visibilidad y capacidad de movilización. Ayer, en Valls, asistimos a lo que podríamos llamar el primer cara a cara tras las leyes de ruptura entre las fuerzas de seguridad españolas y una concentración independentista. Sucedió a cuenta del registro del semanario El Vallenc por la Guardia Civil, en una investigación que estaría relacionada con la fabricación de la papelería para el referéndum del 1-O y que desde hace días ha motivado un inexplicable cerco policial a una imprenta de Constantí. La respuesta de los numerosos ciudadanos que se concentraron para protestar por la actuación se limitó a entonar cánticos y consignas. Aún así, lo pertinente y deseable es mantener el máximo respeto y dejar trabajar con tranquilidad a los agentes. Por su parte, las autoridades deberán explicar los motivos de esta contundente intervención contra un medio de comunicación, que ayer fue condenada por el Col·legi de Periodistes de Catalunya. Por desgracia, el desastroso legado del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, del juez Daniel de Alfonso, del fiscal que «afinaba» sus manejos y de la «policía patriótica» que presuntamente campaba por el Ministerio es que ya nadie puede fiarse al cien por cien de las investigaciones promovidas por los poderes del Estado relacionadas con la política catalana. 

 

Temas

Comentarios

Lea También