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¿Islamofobia?

Si soy alcalde de Tarragona no daré licencia para ninguna mezquita más
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Varios adversarios políticos y opinadores locales me han acusado en los últimos días de islamofobia y exigen que me calle; curiosa manera la suya de reivindicar la libertad de expresión tras los asesinatos de París... En fin, todo el mundo puede opinar libremente sobre Rouco Varela (están en su derecho) pero si a mí se me ocurre recordar que la mayoría de imanes de Cataluña adoctrinan desde el salafismo radical es que soy un islamófobo y me tengo que callar. Y no importa que demuestre por escrito con informes de los Mossos publicados en diversos medios de comunicación que eso es así, me tengo que callar porque soy un islamófobo.

Si recuerdo que no hay ni un sólo Estado islámico en el que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres es que soy un islamófobo y me tengo que callar. Si recuerdo que no hay ni un sólo Estado islámico que sea una democracia es que soy un islamófobo y me tengo que callar. Pues no me voy a callar. José García Domínguez señalaba con razón el otro día la diferencia entre un musulmán (ser humano con las mismas obligaciones y derechos que nosotros si viene a nuestro país) y el Islam, confesión sobre la que podemos opinar con la misma libertad con la que cualquier ciudadano puede opinar sobre el cristianismo sin que nadie llame «cristianófobo» al que lo hace. Criticar determinados aspectos del Islam no es islamofobia, se llama libertad de expresión. Y hay muchos aspectos del Islam (trato a las mujeres, homofobia etc) incompatibles con la democracia, y otros (los asociados al salafismo y al yihadismo) que directamente pretenden destruirla.

Resulta curioso que el progresismo de nuestro país, que tanto presume tanto de defender a las mujeres y a los homosexuales, haga la vista gorda ante una confesión que a ellas las margina y a ellos los condena (en sus países incluso a la horca). Resulta sorprendente que el progresismo de nuestro país, que tanto presume de ayudar a la emancipación de la mujer, acepte que en nuestra sociedad haya mujeres obligadas a taparse la cara con un burka. Pues bien, todo eso es incompatible con la democracia, así que tengo muy claro que si soy Alcalde de Tarragona, prohibiré el burka y no daré licencia para ninguna mezquita más en nuestra ciudad. Tampoco aceptaré pisos patera en nuestros barrios, ni que vengan de otros países a practicar el “turismo sanitario”.

Y no me harán callar. Repito, no es islamofobia. Es libertad y democracia.

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