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Israel, Irán y la seguridad global

El viejo conflicto palestino es un lastre para cualquier política de contención del islamismo y pacificación y democratización de la región
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La intransigencia de Israel, pese a las garantías que recibe de la comunidad internacional, ha enmarañado la paz en la región del Próximo Oriente durante demasiado tiempo. Sería una falacia afirmar que el islamismo radical que hoy es la principal amenaza global para la paz guarda relación directa con las políticas israelíes, pero pueden caber pocas dudas sobre que el mundo árabe no estará en paz con Occidente mientras Israel mantenga la ocupación ilegal de los territorios ocupados, sojuzgue a los palestinos y mantenga bajo cerco militar a Gaza, convertida en verdadera prisión en que no rigen los derechos humanos. Existe además un consenso muy amplio sobre que será infructuosa la lucha en pro de la democratización del mundo árabe y contra el islamismo violento y si previamente no se ha alcanzado un acuerdo entre israelíes y palestinos que permita a éstos fundar un estado y vivir en paz. Viene esto a cuento de la actitud del primer ministro Netanyahu, empeñado en defender ante el Congreso de los Estados Unidos tesis contrarias a la política iraní del presidente Obama. Netanyahu, en campaña electoral, ha sostenido que el acuerdo de Washington con Teherán permitiría a los iraníes dotarse del arma atómica y ser la gran amenaza de la región. El mundo ha de enfrentarse con los fundamentalistas del Estado Islámico, y la inestabilidad creada por el viejo conflicto de Oriente Medio es un lastre para cualquier política de contención, primero, y de pacificación, después.

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