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'Je suis kenyan'

Hay que parar un poquito el exceso de velocidad de los medios digitales
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Yo no soy muy partidario de los movimientos coyunturales que surgen más como una idea de marketing que como un sentimiento real y argumentado. Y, casi siempre, hay alguien que se lucra con este tipo de eslogan que recorren las redes sociales, llenan las fotografías y las imágenes de televisión pero duran demasiado poco tiempo.

El caso más sonado, por desgracia, ha sido el del semanaria satírico Charlie Hebdo que ha prendido mecha costumbrista y se extiende a cualquier situación que alguien avispado y con imaginación pretende popularizar, o como se dice ahora ‘viralizar’. Pero hay que parar un poquito el exceso de velocidad que imprimen los nuevos medios digitales y las redes sociales para reflexionar, para argumentar, en definitiva, para recuperar principios y valores que nos permitan considerar en su verdadera trascendencia asesinatos como los perpetrados por una banda de descerebrados terroristas en la Universidad de Garissa, en Kenia. 148 jóvenes y no tan jóvenes masacrados por ser cristianos y por el ansia de poder, dinero y venganza de uno de esos grupos de criminales y narcotraficantes que han encontrado en el terrorismo fanático supuestamente religioso el paraguas perfecto para conseguir sus objetivos. Sus métodos deleznables a la hora de asesinar brutalmente a personas indefensas consiguen sembrar el terror y doblegar a miles de habitantes de distintas regiones del planeta, en este caso de Kenya. Y este artículo está promovido por una gran indignación por la escasa atención en Occidente, en los medios de comunicación, a esta masacre.

Hoy he recibido en Facebook dos imágenes que dejan huella y provocan mucha vergüenza. El rostro muy bello de una joven negra, como de ébano simulando el mapa del continente negro con una lágrima cayendo por su mejilla en memoria de los estudiantes asesinados. La otra, una viñeta con una mano sosteniendo un lápiz por encima de otros muchos, con un grabado: 148 estudiantes, y una pregunta ¿por qué unas muertes pesan menos que otras.? Pues eso: ‘Je suis kenyan’.

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