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Opinion editorial

Jordi Sànchez no es una solución

El expresidente de la ANC, aunque pudiera ser investido president de la Generalitat, no podría ejercer el cargo

Diari de Tarragona

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Entrevista concedida por Puigdemont a RAC 1 desde Bruselas. EFE

Entrevista concedida por Puigdemont a RAC 1 desde Bruselas. EFE

Los «pasos al lado» han quedado instaurados en la política catalana como una fórmula habitual para desatascar la investidura del president de la Generalitat. Lo dio Artur Mas para superar las exigencias de la CUP y permitir que Carles Puigdemont accediera a la máxima dignidad política del país, y lo dio ayer Puigdemont en una nueva modalidad bautizada por el propio protagonista como «provisional». En este segundo capítulo de «pasos al lado» se riza más el rizo de la inventiva política porque quien tiene que ocupar el puesto  del presidente imposible es otro candidato no menos imposible: Jordi Sànchez. El expresidente de la ANC expresó ayer a través de sus portavoces que «es un gran honor y una enorme responsabilidad poder representar al pueblo de Catalunya», ya que Sànchez está en prisión provisional desde hace cuatro meses y medio acusado de un presunto delito de sedición. Será precisa la autorización del juez que instruye la causa para que Sànchez pueda acudir a la sesión de investidura, pero como quiera que la fórmula se vislumbra cuando menos disparatada, el «paso al lado» de Puigdemont es más una provocación que una verdadera alternativa para permitir que arranque la legislatura. Jordi Sànchez no podrá ser investido, y si lo es, no podrá ejercer el cargo. No se puede ser president de la Generalitat desde Bélgica y menos desde una celda de la cárcel de Soto del Real. La vía por la que ha optado la mayoría parlamentaria independentista condena al país a una prolongada etapa de inacción gubernamental, ya que lo más probable es que el Gobierno central no desactive el artículo 155 de la Consitución. Muy al contrario, pudiera suceder que lo aplicaa con mayor rigor. Como se ha visto hasta ahora, la incapacidad para desplegar iniciativas de gobierno desde la Generalitat genera el desamparo en numerosas políticas alcanzadas haasa ahora gracias al autogobierno. Estar sin Generalitat pone en bandeja las tentaciones involucionistas que renacen desde el centralismo y no sólo con las ganas que le pone el PP.

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