Josep Suriol

Una llamada me alertó de la muerte de Josep Suriol Sardà

Antoni Coll i Gilabert

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Una llamada me alertó de la muerte de Josep Suriol Sardà, y el artículo de ayer del presidente de la Confraria de Sant Magí dio razón de la personalidad de este buen amigo, escritor infatigable de cartas al director y ciudadano ejemplar.

Pintor de profesión, le recuerdo un día encaramado a un andamio cuando pintaba la fachada de la iglesia de l’Argilaga; pero sobre todo evoco sus frecuentes visitas al periódico para entregar sus cartas y hacerme sugerencias para esta sección que hoy llora su pérdida.

Solía venir con fotocopias de textos de hemerotecas y archivos. Su pasión era Tarragona y sus personajes. Sus peticiones, a veces atendidas por el Ayuntamiento, iban destinadas a honrar la memoria de benefactores de la ciudad.

Hoy pienso que él ha sido uno de ellos. Se desplomó cuando iba a misa a la Ermita del Portal del Carro, el más querido de sus escenarios.

Descanse en paz.

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