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Juego sucio

Estamos ante una confrontación, personal y partidista, disfrazada de 'interés de país'
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Su objetivo independentista es legítimo, pero su juego político en torno a este objetivo es bastante sucio, en el sentido de partidista y tramposo. Invocan a cada momento el interés ‘del país’ y después se descubre que el interés es suyo o de su partido. Uno y otro quieren mandar, pero como decirlo así no queda bien, lo visten de retórica y estrategia.

No juegan limpio de cara a los ciudadanos catalanes, ni entre ellos mismos. Ninguno de ellos, ni los dos juntos, están legitimados para hablar en nombre del país, de todo el país. Ni en base a las elecciones pasadas ni apoyándose en las encuestas. Ni las urnas, hasta ahora, han dado una gran mayoría al independentismo, y menos aún las encuestas más solventes.

Aún todo es deseo y movilización de muchos, muchísimos, pero no llegan a la mitad de la población. Esto no autoriza a hablar en nombre de todo el país. Hacerlo no es leal con el propio país, del que orgullosamente se sienten redentores.

Dejemos a parte la deslealtad con el Estado de derecho vigente, ¡que ya es dejar! Se presentan como líderes de un deseo ciudadano general, cuando lo más que puede decirse es que está bastante generalizado. Pero la ciudadanía es más amplia y esta no se ha expresado. No se puede, pues, usurpar su representatividad. Cuando lo haga –se exprese de forma libre, clara y muy mayoritaria– estaremos en otro escenario.

Mientras, en nombre de este fuerte y amplio deseo-ficción, juegan a liderar a toda la ciudadanía. Incluso a repartirse un futurible poder. Y, además de confundir y engañar al país –¡que tanto quieren!– , se hacen trampas entre ellos.

Artur Mas quiere ir hacia la independencia a través de un extraño proceso electoral con una «lista única» de los partidos soberanistas, que disimularía su fracaso y le mantendría en el poder, que es lo que importa. Junqueras quiere que cada partido presente su propia lista, lo cual es más integrador de la diversidad social catalana, reivindicando cada una la independencia en su programa. Sabe que esto le daría ventaja para llegar al poder, pues su partido, ERC, podría quedar primero, ya que en la campaña, además de poner el acento en lo social, en contra de los recortes de Mas, se desmarcaría del fracaso gubernamental de CiU y de sus escandalosos casos de corrupción.

Estamos, por tanto, ante una confrontación partidista y personal. Aunque pretendan disimularlo en un genérico común ‘interés de país’. Una política de bajos vuelos, estratégica, desleal con la ciudadanía y entre ellos. Y poco democrático cuando por una parte se quiere congelar los partidos políticos, que representan la pluralidad social, y por otra, se propone negociar la presidencia de la Generalitat al margen de los resultados electorales. Y todo con una querella admitida contra el presidente y dos miembros de su gobierno. No es de extrañar, por tanto, que sondeos recientes apunten un deshinchamiento del fervor separatista en algunos ámbitos más tibios.

Y es que este proceso de juego poco limpio y de deslealtades múltiples no es el mejor camino para llegar a hacer realidad el legítimo deseo, más o menos generalizado, de la independencia de Catalunya.

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