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Juego sucio

Podemos romper el juguete, pero con las cosas de jugar no se juega

Manuel Alcántara

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El llamado deporte rey está sufriendo la agresión de los señores feudales y ha estallado la guerra del fútbol. Platini, que era un prodigioso lanzador de faltas, le ha faltado el respeto a Blatter al no darse por enterado de la sanción de la Comisión Ética de la FIFA y al aferrarse a la presidencia de la UEFA. Vivimos en el siglo de la siglas, que decía Dámaso Alonso, que me firmaba sus libros desde «este ex Chamartín», antes de que Madrid se extendiera hasta Guadalajara. El célebre poder corruptor del dinero campa por su falta de respeto y el deporte, que algunos soñaron como un idioma universal donde pudiéramos entendernos todos, se ha transformado en el dialecto favorito de los granujas.

Los que fueron ídolos de la afición se han apeado de sus pedestales para alcanzar con mayor facilidad el dinero que corre por las bandas, antes de que se lo lleve otra banda de ladrones. La palabra gol, que más bien es un grito, es la más usada coralmente, seguida de cerca por la palabra Dios, ya que la divinidad siempre tiene la última palabra, quizá a excepción del apellido Rato. ¿Qué sería de muchos de nosotros si acabaran de cargarse el fútbol? Nos sobrarían la mitad de las tardes, precisamente a la caída de la tarde, cuando comprobamos falsamente que ya hemos leído todos los libros, incluido el que reúne los sabios comentarios de Escartín al reglamento.

El duelo entre la FIFA y la UEFA, que compiten en ingresos, es apasionante, pero abunda en transgresiones. Valen hasta las patadas en el cielo de la boca con tal de alcanzar el más alto de los cielos terrestres, que es la victoria futbolística. Hablamos de un gigante de papel de 3.500 millones. Si Platini decide seguir como presidente de la UEFA, ya está decidido su sucesor, nuestro compatriota Villar. Podemos romper el juguete, pero con las cosas de jugar no se juega. Son tan importantes como parecen ser.

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