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Opinion EDITORIAL

Juntos contra el yihadismo

Las movilizaciones musulmanas realizadas en Tarragona, Torredembarra, Cambrils, Reus y otras localidades son necesarias para evidenciar el  rechazo a la violencia yihadista

Diari de Tarragona

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Mohamed Quadi, imán de la mezquita de Cambrils durante al acto interconfesional celebrado en Cambrils. ALFREDO GONZÁLEZ

Mohamed Quadi, imán de la mezquita de Cambrils durante al acto interconfesional celebrado en Cambrils. ALFREDO GONZÁLEZ

Un efecto colateral nada desdeñable que podían provocar los atentados de Barcelona y Cambrils era el incremento de la xenofobia en general y de la islamofobia más concretamente. No tardaron en producirse manifestaciones en este sentido, rápidamente propagadas actualmente gracias a las redes sociales. También se han producido casos lamentables de violencia física como la agresión a una mujer musulmana el pasado miércoles  cuando salía de la parada de metro de Almendrales, en Madrid, por parte de un grupo de jóvenes que le propinó golpes e insultos. Son casos intolerables, afortunadamente aislados, que deben ser cortados de cuajo. No nos podemos cansar de repetir que las primeras víctimas de la violencia yihadista son los propios musulmanes. Los atentados más crueles se producen casi a diario en países árabes con centenares de víctimas a causa de los ataques suicidas de los terroristas del autodenominado Estado Islámico, cada vez más acorralado y más vencido en su intento de crear un califato extenso que le permita la extensión de su doctrina radical. Para extender el convencimiento de que en la lucha contra el radicalismo yihadista vamos todos unidos con los musulmanes de buena voluntad, que son la inmensa mayoría, es bueno e imprescindible la cadena de manifestaciones de condena de los atentados de Barcelona y Cambrils que están protagonizando las comunidades y las organizaciones musulmanas radicadas en Catalana. Las movilizaciones realizadas en Tarragona, Torredembarra, Cambrils, Reus y otras muchas localidades son imprescindibles para hacer evidente el rechazo a la violencia yihadista, una interpretación del Islam violenta, sesgada, fuera de la razón. Con el mismo esmero y convicción, las comunidades musulmanas deberían esmerar el control y la vigilancia de elementos como el imán de Ripoll. Su labor no se cuajó en cuatro días. Dispuso de muchos días y de muchas ocasiones para sembrar la semilla del odio entre un grupo de jóvenes. Casos como el que ahora lloramos no pueden repetirse.

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