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La Catalunya rural

La agricultura necesita un escenario de estabilidad que le permita el desarrollo

Francisco Domínguez

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Aparentemente la mayoría de catalanes hacemos nuestros quehaceres diarios de espaldas al mundo rural. Es evidente que sólo es una sensación ya que, al tratarse de un sector primario, está presente en nuestras vidas cada vez que nos sentamos en la mesa, en la lista de la compra o en nuestro tiempo de ocio.

El sector agrario y forestal gestiona el 90 % de la superficie de Cataluña y aporta alrededor del 4 % del PIB, y además es el garante de la calidad alimentaria de nuestros productos, de la gestión del medio natural y de nuestro paisaje.

Y son muchos los problemas con los que se encuentran los empresarios agrícolas, ganaderos o forestales para seguir adelante con su actividad. Precios por debajo del coste de producción, dificultades en la comercialización de los productos agrarios o la incidencia de especies invasoras y nuevas plagas, son solo algunos ejemplos.

El proyecto de Ciutadans para Cataluña incluye una serie de propuestas dirigidas a la agricultura y la ganadería, pero también propuestas que defienden el derecho de los consumidores y que tienen en cuenta los espacios naturales y el medio ambiente.

Medidas concretas para fomentar la agricultura ecológica, los mercados de proximidad o la promoción de productos propios como el vino, el aceite, la fruta o los frutos secos.

Fomentar el papel de las cooperativas agrarias o establecer un control de los precios mínimos que garantice la viabilidad de las explotaciones. Medidas concretas para que los Espacios de Interés Natural dejen de estar carentes de gestión. Exigir que los productos que importamos cumplan los mismos requisitos de calidad y medioambientales que los productos propios. Y la lista sigue.

Pero como cualquier otro sector económico, la agricultura necesita un escenario de estabilidad que le permita un correcto desarrollo. Las situaciones de incertidumbre son enemigas de las inversiones que necesita una agricultura moderna, por eso no podemos permitirnos proyectos rupturistas que supongan nuestra salida de la Unión Europea. Además del efecto frontera entre Cataluña y el resto de España y la reducción de las exportaciones con los demás países de la UE, la salida de Europa supondría la eliminación de las ayudas procedentes de PAC (Política Agraria Común). Los catalanes debemos estar informados de las consecuencias directas que una declaración unilateral de independencia tendrían sobre nuestras vidas, y en el caso que nos ocupa, sobre un sector y los productos básicos que genera.

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