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La Constitución catalana

La Constitución catalana es contradictoria y con ideología demasiado actual
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El proyecto de Constitución de Catalunya, hecho público hace pocos días y redactado por una comisión presidida por el magistrado Santiago Vidal, recoge en su articulado los trazos muy típicos de las ideologías actuales presentes en Catalunya, especialmente en los medios de comunicación. Como todas las constituciones contiene principios muy buenos y otros que no lo son tanto. Solo tiene 97 artículos frente a los 223 del actual Estatut d’Autonomia de 2006.

El proyecto de Constitución, que se declara «aconfesional» (art. 13) sigue la ideología actual de género y remarca una y otra vez el masculino y el femenino en los sustantivos, como «un/a (el/la) President/a», «el/la Primer/a ministre/a», «els/les diputats/des», «el/la síndic/a», «els/les jutges/esses», etc. Si toda normativa ha de ser así, mejor sería utilizar el original en inglés que no tiene género, o casi no tiene, y nos ahorraríamos tiempo y papel.

El proyecto (art. 2) afirma que la nueva república «es parlamentaria unicameral y no presidencial». Si se repasa el articulado se ve que el President, elegido por sufragio universal, tiene derecho a veto a todas las leyes aprobadas en el Parlament «salvo las de mayoría cualificada» (art. 53), es decir casi todas. Además –dado que parece que el Parlament de Catalunya que saldría sería una sopa de letras y partidos– parece que no habrá mayorías absolutas, en una cámara con 105 diputados y tomando como circunscripción a la comarca. Si no hay mayoría absolutas, entonces el President tiene la sartén por el mango y nunca será un presidente al estilo italiano, sino al estilo francés, es decir presidencialista. ¿Por qué decir que no lo será? No se dice y punto, pero no hay que engañar al ciudadano.

Comprendemos que se trata de un anteproyecto y admite enmiendas, pero indica ya las formas cómo el independentismo quiere gobernar Catalunya, es decir con muchos tics autoritarios y presidencialistas, sin los cuales la estructura del estado constitucional previsto se cae.

Junto a lo anterior hay un tema como que «nadie podrá llevar el rostro oculto en su totalidad, a fin de evitar la impunidad» (art. 15). Parece una medida antiterrorista, pero no lo es: es contra el velo islámico.

Otro aspecto interesante es el largo articulado sobre el Poder Judicial, donde el Ministerio Fiscal forma parte del Poder Judicial (en España ahora no es así) aunque tendrá una estructura jerárquica, y el Fiscal General debe ser aprobado por el Parlament, a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. El texto no aclara quién elige a los/las miembros/as del Consejo. Aquí se nota la mano del magistrado Santiago Vidal.

En temas fundamentales, como es la enseñanza, dedica muy poca letra: ni siquiera menciona que habrá una pluralidad de centros, privados, públicos, etc. Solo hace referencia al derecho y gratuidad de la primera y segunda enseñanza hasta los 16 años, que está garantizada la «libertad de cátedra» y que la escuela pública tendrá «todos los recursos» que necesite para conseguir la calidad (art. 19). El artículo lleva por título «Derecho a la educación», pero en el texto solo se habla de «enseñanza», que no es lo mismo.

De todas maneras, se dirá, la Constitución reconoce la propiedad privada, o sea la empresa privada, pero esta si no cumple con los «deberes» de su «función social» (art. 28, 1 y 2) «las Administraciones podrán expropiar o restringir el derecho de propiedad y uso». Si esta Constitución se hubiera hecho cuando el Estatut de Sau, de 1980, se habría explicitado que la empresa sería ‘autogestionada’ como pedía la fuerza mayoritaria entonces (socialistas y comunistas del PSUC).

Las constituciones no pueden tener visiones cortas ni ser arrogantes y maximalistas. En el primer borrador, de noviembre pasado, se decía que «Catalunya nunca será una Monarquía». Se quitó. Pero ahora dice (art. 85, 1) que Catalunya es un «territorio libre de ejército y fuerzas armadas, salvo de la propia policía (Mossos d’Esquadra) encargada de la seguridad pública». El redactado parece como si alegremente se pudiera decir «Catalunya territorio libre de humos». ¿Los aviones y los barcos de la OTAN no podrán sobrevolar el cielo o atracar en puertos catalanes? Un poco ingenuo. Catalunya no es Suiza, ni Suecia, ni Irlanda, y el Mediterráneo es el mar con más guerras en el pasado y en el presente.

El sistema electoral favorece a la Catalunya menos urbana. Como hay 40 comarcas, la mayoría de los diputados saldrán elegidos en las comarcas, mientras que Barcelona, el Baix Llobregat y el Vallès Occidental verán reducido su peso en el Parlament, cuando albergan al 70 por ciento de las población catalana, y si quitamos las conurbaciones de Tarragona, Lleida y Girona, nos quedamos con una Catalunya un poco pequeña. El Parlament representaría a una Catalunya mucho menos urbana: no sería la Catalunya real.

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