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Opinion Editorial

La Diputación como sobresueldo

Diari de Tarragona

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Diputación Provincial de Tarragona.

Diputación Provincial de Tarragona.

Asevera con acierto el famoso refrán popular que «hecha la ley, hecha la trampa». El proverbio lleva muchos años vigente, si bien en los últimos tiempos ha perfeccionado su sabiduría. Si en un principio el aforismo pretendía reflejar la habilidad del pueblo para burlar el peso de las leyes, ahora nos encontramos que los más agudos en aplicar la máxima son los propios políticos. Es decir, ellos hacen las leyes y a renglón seguido diseñan la trampa para saltárselas. O sea, que al citado adagio de «hecha la ley, hecha la trampa», añaden el no menos popular «yo me lo guiso, yo me lo como». Un análisis de los sueldos que cobran los políticos de la Diputación refleja que, en la práctica, los emolumentos provinciales son un sobresueldo que permite a alcaldes y concejales alcanzar una cifra en su retribución que con sólo la nómina municipal no se lo permitiría la ley. En consecuencia, lo que se pretende con la trampa (legal) de la Diputación es generar un sueldo suficientemente atractivo para competir en el mercado laboral. Volviendo al tópico y al lenguaje imperante en las tertulias, nos estamos haciendo trampas al solitario. Si realmente un político debe cobrar la cifra que en verdad está cobrando, no es de recibo que se juegue a esconder el huevo con la suma de retribuciones procedentes de otras instituciones. Con esta práctica se degrada el trabajo político y se proyecta una mala imagen de las funciones de los representantes públicos. No sigamos engañándonos: hay cargos que cobran suculentos dispendios por calentar la silla. A efectos prácticos sirven para añadir su voto al requerimiento legal. ¿Alguien recuerda algún debate feroz en la Diputación por alguna discordancia política en la asignación de recursos? Es el mejor síntoma de que el reparto no deja nunca a nadie descontento. Algún día tendremos que abordar sin demagogia el sueldo que deben percibir los políticos sin necesidad de acudir a subterfugios porque el merecimiento sea inapelable y no una mamandurria. Lo oscuro siempre alienta la sospecha.

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