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La alambrada de la vergüenza

Un paseo entre la Arrabassada y la Savinosa es muy triste, pero hermoso

Xavier Fernández

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Una doble alambrada protege el acceso al antiguo preventorio. Foto: Lluís Milian

Una doble alambrada protege el acceso al antiguo preventorio. Foto: Lluís Milian

Hay cosas que un turista –o un tarraconense– no debería ver jamás. Más que nada por su propia salud y su estabilidad mental. Una de ellas es la plataforma del Miracle. Los ‘locales’ sabemos el origen y la inutilidad de ese infame mamotreto de cemento, pero daría un par de eurillos –la cosa no está para gastos– por saber qué deben pensar los pasajeros del trenet cuando circulan por la playa del Miracle.

Como no voy a desembolsar tan cuantiosa cantidad de dinero, especulemos. Deslumbrados por los reflejos del sol sobre el mar y agobiados por el calor, quizá sientan como un gran alivio situarse a la sombra de la plataforma. Pero si les explicasen la historia de una construcción que costó una millonada, que luego se cerró por «peligrosa» y que durante años estuvo en el centro de una polémica entre administraciones, posiblemente exclamarían un «tipical spanish chapuza» (o como se diga en inglés, francés o ruso). 

Si alguna alma caritativa les enseñase la página 8 de este mismo periódico, pudiera ser que pensasen que la cosa está en visos de solución. Un proyecto espectacular para la susodicha horripilante masa de cemento. Ojalá sea realidad, pero dados los precedentes con Joan Miquel Nadal y Josep Fèlix Ballesteros como alcaldes, los tarraconenses deberían adoptar a Santo Tomás como copatrón. Por lo del «si no lo veo, no me lo creo».

Otro lugar que los turistas no deberían ver, tal como está en la actualidad, o al menos no olfatear, es el tramo de la calle Caputxins entre las calles Soler y Sant Magí. Para que nos situemos: la callejuela que da al Teatre Romà (o lo poquísimo que queda de él). Hay zona de la calle sucias y la mitad de la misma apesta a orines de gato. Hace unos días, contemplé acongojado cómo unos turistas, mapa en mano, arrugaban la nariz por el hedor que dominaba la zona.

Pero la palma de los lugares que no deberían ser visibles es el antiguo preventorio de la Savinosa. La plataforma del Miracle es un monumento al despilfrarro. El mencionado tramo de la calle Caputxins lo es al incivismo y la desidia. Y el preventorio a la incapacidad de los políticos municipales, autonómicos (perdón, preestatales) y provinciales. 

Un paseo entre las playas de la Arrabassada y la Savinosa es un maremagnum de sentimiento encontrados:
Orgullo de tener lo que tenemos pese a quien nos gobierna aquí, en Barcelona y en Madrid. 
Plenitud ante el centellante mar, la suave brisa, el rumor de las olas contra los acantilados, el inabarcable azul... 
Infinita rabia cuando observas las ruinas del preventorio y la alambrada erigida «por seguridad» pero que no pretende más que ocultar la ignominia de los políticos. 

Tristeza porque la alambrada de la vergüenza no permita disfrutar de la zona.

Y asco por los marranos que se pasean entre ambas playas. Compresas, vasos de plástico, papeles, cartones de zumo, una lata de cerveza, bolsas de una conocida cadena de ropa, tapas de cajitas de anzuelos...yacen por doquier.

La travesía, con el mar a la derecha y el antiguo preventorio a la izquierda, se convierte en un viaje a través del túnel del tiempo. 
Parece que se oigan los chillidos de alegría de los niños refugiados de la Guerra Civil y que habían huido del terror de los bombardeos. O que el aire susurre los quejidos de los chavales a los que llevaron en pleno franquismo y que eran sometidos a malos tratos, si hacemos caso a los testimonios que se pueden leer en el blog lasabinosa-scila.blogspot.com

Un viaje en el túnel del tiempo. Y una mirada al futuro. Hay un nuevo proyecto para el preventorio (el enésimo). Y quizá lo haya un siglo de estos para la Tabacalera. ¿Somos buenos y nos los creemos? ¿Santo Tomás, patrón de Tarragona?

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