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La botella de vino

Se disponía de una excelente sanidad pública que era referente y envidia de muchos países
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Lo habitual cuando mentamos la palabra botella es asociarla a si está medio vacía o medio llena. Unos la vemos de una manera y otros de lo contrario. ¿De qué depende? de miles de factores, aunque todo el mundo acatará que lo fundamental es el estado de ánimo. Este estado implica tantísimas cosas, que es imposible enumerarlas.

Hace unos días se pudo leer en la prensa que “todos los partidos parlamentarios, salvo ERC y CiU plantaron al Conseller de Salut en la comisión de Salut del Parlament” Dos fueron los puntos para realizar esta acción: El Consorcio Sanitario de Lleida y la instrucción de prestación de asistencia privada en centros públicos del SISCAT. Instrucción firmada por el director de CATSALUT el 26 de marzo, con vigencia de uno de abril. Para los no entendidos, que en los hospitales públicos se pretende realizar actividad privada, un potipoti que veremos cómo sale.

Desde siempre ha habido un culto especial al vino. El mundo del vino es complejo y complicado. Puede que ahora más o por lo menos se habla de manera más popular por el boom que ha experimentado en nuestro país y en nuestras tierras. A decir verdad nuestras comarcas tiene buenas, muy buenas e inclusive excelentes bodegas, tantas que es imposible enumerarlas. Es uno de los motores económicos importantes. Puede que de ello hable otro día. En el presente escrito quiero centrarme en una la botella de vino y hacer paralelismo con lo que pasa y puede pasar con la Sanidad local. Por cierto, saben que valor se le otorgó a la botella de vino más cara de la historia, hasta la fecha, 500.000 dólares. Toda una inversión o una transacción comercial. Pero curiosamente esta botella de Chateau Margaux del año 1787 se le cayó de las manos a William Sokolin y se rompió. La aseguradora pagó 225.000 dólares. ¿Lo valía? Son inversiones que hacen los que tienen mucho capital.

Siguiendo con SALUT, se ha podido leer en estos días que nuestras tierras disponen de un Consorcio Sanitario (TGN Salut Aliança Estratègica), muy parecido al establecido en la vecina Lleida, causa del enfado de los parlamentarios catalanes, que mueve 276 millones de euros y dispone de 3132 trabajadores. Un motor económico muy importante para la economía local movido por una empresa mixta compleja de reciente aparición y dudosa singladura. Es lo que nos propone el Conseller y lo que tenemos que tragar.

La botella de vino por la que se ha pagado más en una subasta de Chistie’s fue unos 235.000 dólares (en nuestros días casi paritario al euro) por un Chateau Lafite-Rotschild de 1869. Otras botellas de bodegas reconocidísimo prestigio como son Chateau Petrus, Romanée-Conti, Massandra, Penfolds, Chateau d’Yquem, o bien caldos elaborados por afamados enólogos como el prestigioso bodeguero Henri Jayer alcanzan valores no aptos para los mortales. Aquí tampoco nos quedamos mancos y la botella de vino español por la que se ha pagado más en una subasta, un Vega Sicilia doble magnum con 50.000 euros. Matizando en la bodega Vega Sicilia, esta fue adquirida por Toribio Lecanda y su hijo Eloy, en 1848, en principio para producir brandy. Su primer vino nace un siglo, en 1915, en manos de otro propietario. Luis Herrero, un importante empresario, para darle una cierta dosis de glamour a su negocio, elabora vino no como producto comercial sino como herramienta social y lo regala a sus clientes. Tiene que llegar el enólogo vasco Txomin Garramiola para que se produzcan excelentes caldos y es en 1982 con la compra de la bodega por los actuales propietarios la familia Álvarez-Mezquíriz cuando nace el mito. Una empresa con alto prestigio. El mito para la sociedad es la salud. Se dice que todos los ciudadanos tienen derecho a la asistencia sanitaria. Si preguntamos a la gente, la primera preocupación es su salud o sea la ausencia de enfermedad. No me cansaré de decir y repetir que se disponía de una excelente Sanidad Pública que era referente y envidia de muchos países. Un paralelismo a la mencionada bodega. Ahora, con los inventos que se quieren hacer y el nacimiento de nuevos entes proveedores de servicios la cosa no está tan clara. Todo el mundo se quiere apuntar a hacer vino o a crear empresas lucrativas. Un gran dilema. Un dilema se me planteó cuando me regalaron una botella de Vega Sicilia del año 1953. Conozco la excelencia de la añada, sólo me quedaba saber si la conservación del producto había sido buena. La guardaba como inversión o la abría. Es bien conocido el buen quehacer de la marca. Una larga preparación del vino, para una prolongada vida. De otras empresas dudaría mucho del contenido. Al final, con dos buenos amigos expertos en vinos y profesores de la Facultad de Enología nos programamos una cata especial. Pusimos tres condiciones. Primera, los 25 cl que nos correspondían, debían ir esófago abajo, pasara lo que pasara. Segunda, las opiniones se debían escribir y cerrar en un sobre lacrado, no comentarlas con nadie, cada uno se quedaba con sus experiencias. Tercera, a los cinco años se podría abrir el sobre, si se quiere.

Todo puede ser equiparable, con sustanciales matices, a lo que puede pasar con la Sanidad territorial y el dilema que nos viene. La empresa que va llevar las riendas de nuestra salud no tiene solera y su manera de elaborar el producto deja mucho que desear. Lo tenemos que engullir queramos o no queramos, es impositivo. Pasados los años… ¿qué importará el resultado si no podremos volver atrás? Me recuerda lo escrito por Leonardo Padura, excelente y muy recomendado escritor cubano, en su último libro Aquello estaba deseando ocurrir “los recuerdos deben ser recuerdos y cualquier empeño para hacerlos salir de sus refugios suele ser devastador y frustrante”.

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