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La búsqueda de la felicidad

Depende de que se disponga de mínimos materiales pero también de la buena calidad de nuestros sistemas democráticos

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Naciones Unidas confecciona anualmente un ránking mundial de bienestar, vinculado a la felicidad de la gente. Este índice, que sirve para clasificar los diferentes países, toma en cuenta factores económicos objetivos, especialmente el PIB, pero también elementos subjetivos: la satisfacción personal con el propio devenir, los años de expectativa de vida saludable, el apoyo social –el entorno con que el sujeto puede contar en momentos de crisis–, la confianza en el Gobierno, la percepción de corrupción, el sentimiento de libertad para desarrollar un proyecto de vida, la generosidad y la solidaridad social. España ocupa un mediocre 34 lugar en este ránking. La riqueza es, incuestionablemente, la base principal de la felicidad subjetiva que trata de medirse. Pero el resto de los elementos que entran en la medición están evidentemente vinculados al régimen sociopolítico, al modelo educativo, a los sistemas de previsión. Y es claro que esas aportaciones a la felicidad personal están estrechamente vinculadas a la democracia. No a una democracia en abstracto sino a un parlamentarismo depurado y fiable que lleva mucho tiempo permitiendo una representación política eficaz de la ciudadanía y que da respuesta a las demandas, tanto individuales como colectivas. Cabe, en definitiva, afirmar que la felicidad depende de que se disponga de unos mínimos materiales pero también de la buena calidad de nuestros sistemas democráticos.

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