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La chica de oro

¿A quién le gusta votar en Navidad? Es un disparate, pero éstos nos siguen gustando

Manuel Alcántara

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Los Juegos de Río no solo han terminado con la revelación de los dos mejores deportistas de todos los tiempos, Michael Phelps y Usain Bolt, sino con el oro de Ruth Beitia, que es el primero del atletismo femenino en un torneo de ese calibre. Quizá estemos tan acostumbrados a perder que ganar nos enfade, pero no nos hemos alegrado suficientemente con los bronces en baloncesto y mountain bike (ya festejaremos este último cuando sepamos lo que es). Ganar 17 medallas no está nada mal, pero lo que ocurre es que no paramos de compararnos sin tener en cuenta que las comparaciones siempre son odiosas si nos comparamos con los mejores. Habría que elegir a los políticos más torpes del mundo para que una selección de los nuestros quedase en un lugar decoroso. Son los reyes del aplazamiento. Saben que hay mucho que hablar, pero ignoran que no queda tiempo para «reconducir posiciones». Mientras Rajoy pide que le dejen gobernar, por favor y porque ganó las últimas elecciones, el PSOE solo revisará su incómoda postura en octubre, que dicen que es la época de los regresos.

Rivera ya ha hablado con Sánchez para ser el enlace entre su partido y el PP. Se trata de no aburrir a la afición, que ya está tan harta de consultas que solo le quedan fuerzas para ir a la del psiquiatra. Ahítos de preguntas, incluso hay votantes históricos del PSOE que prefieren un gobierno del PP a unas nuevas elecciones. Al menos eso dicen algunas encuestas, que procuran darle gusto siempre a quienes les ha encargado hacerlas. Los que creemos en la salvación mediante la palabra somos cada día más descreídos. «Tristes armas si no son las palabras», dijo Miguel Hernández cuando todavía le cantaban en la mano, dejando un olor de herramientas y de sueños maltrechos. Ahora lo que abunda es poner condiciones y cada partido tiene las suyas, además de las que se oponen a las que presentan los demás. ¿A quién le gusta votar en Navidad? Eso es un disparate, pero los disparates nos siguen gustando.

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