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La conjunción de 2015

A favor del crecimiento juega también la política expansiva del BCE
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La salida de la crisis económica -en realidad, habría que hablar mejor de salida de la fase recesiva del ciclo económico porque la crisis durará todavía varios años- que deberá consolidarse en 2015, año doblemente electoral en nuestro país, va a beneficiarse de una conjunción de factores favorables. Como es conocido, acaba de tener lugar un forcejeo entre la Comisión Europea, que pone en duda que seamos capaces de cumplir con el objetivo del déficit para 2015 -4,2% del PIB- con el crecimiento previsto del 1,7%, y el ministro español de Economía, quien da por cierto que cumpliremos el compromiso porque creceremos al menos al 2%… Con los datos hoy disponibles, todo indica que el ministro tendrá razón. Aunque, ya se sabe, en cuestión de futuribles económicos nunca hay certezas.

Los elementos favorables que estimularán la economía española son, en primer lugar, la fuerte caída de los precios del petróleo, un factor de dinamización global de alcance todavía desconocido. El efecto es muy benéfico porque libera recursos que pueden ir directamente a la inversión y al consumo pero no debemos hacernos demasiadas ilusiones porque todo indica que lo que pretenden los países productos del Golfo, y con ellos la OPEP, es expulsar del mercado a la industria del fracking, que es la que ha generado el exceso de oferta y que, por sus elevados costos, no es rentable si el precio del crudo no es bastante más elevado que el actual. De cualquier modo, parece que el punto de equilibrio a medio y largo plazo, en el que influyen también las cada vez más atractivas energías renovables, estará por debajo del de los últimos años, por lo que es probable que se mantenga el efecto actual al menos un cierto tiempo.

A favor del crecimiento juega también la política expansiva del BCE, que ha provocado la caída del euro frente al dólar y una generalizada bajada de tipos de interés. Lo primero facilita las exportaciones y lo segundo reduce el servicio de la deuda, lo que permite rebajar directamente el déficit público. Por añadidura, Bruselas está tratando el déficit fiscal con una mayor relajación, por lo que la presión no es tan fuerte como en los momentos más duros de la crisis, y la bajada de impuestos de la reforma fiscal de este gobierno -unos 9.000 millones de euros en dos años- también se traducirá en un incremento de la demanda interna. Finalmente, juegan a favor de la expansión de la economía los niveles salariales, que continúan muy bajos, y el previsible cambio de ciclo del sector construcción.

Este panorama boyante no está sin embargo exento de riesgos. De entrada, el contexto europeo es bien poco brillante: Grecia se encuentra al borde del estallido y toda la zona euro se conmoverá si se acaban convocando elecciones anticipadas en ese país por la vitalidad de Syriza. La UE y el Eurogrupo están prácticamente estancados, con dos de los países grandes, Francia e Italia, con severos problemas de productividad y grandes dificultades para llevar a cabo las reformas aconsejables. Alemania, por su parte, no muestra el menor interés en volver a ser locomotora de Europa, y se complace en su atonía. Y la geopolítica mundial no tranquiliza: el conflicto entre Rusia y la UE es de largo alcance, con la particularidad de que la crisis rusa debida a la caída del petróleo y a las sanciones occidentales radicalizará el problema. Éstos son los pros y los contras de la coyuntura, que pese a todo se presta en la hora actual a la esperanza.

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