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La crueldad del primer mundo

El doloroso desequilibrio ha sido denunciado por la OMS, pero los grandes del mundo parecen haberse encogido de hombros

MARGARITA SÁENZ-DIEZ

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MARGARITA SÁENZ-DIEZ

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Lo sabemos, pero a menudo lo ignoramos. La desigualdad y la injusticia llevan a la desesperación a los habitantes de aquellos países que sufren las consecuencias negativas del desarrollo. Al no beneficiarse mínimamente de sus efectos positivos, son terreno abonado para la multiplicación de la violencia. La desigualdad en el acceso a las vacunas contra la covid es un ejemplo de esa crueldad extrema. El juego de intereses del primer mundo y la ausencia de cualquier solidaridad con los países en situación crítica ante la pandemia lo confirman.

Los datos son elocuentes: los países prósperos cuentan con el 80% de las vacunas disponibles y más de la mitad de su población ya está vacunada. En los otros, en los países los pobres, los inmunizados solo llegan al 1,36%. Entre la población africana, apenas un 5% ha recibido una dosis. En Latinoamérica, los vacunados alcanzan en algunos países un 20% y otros no superan el 10. 

Todo esto indica que en muchos estados no se ha conseguido siquiera proteger a los mayores, los más vulnerables. Ante el desastre, la OMS ha pedido dar respuesta a esta prioritaria necesidad: que los países ricos aplacen la inoculación de la tercera dosis para cubrir las necesidades de al menos el 10% de los habitantes de cada país que están en mayor situación de riesgo.

El doloroso desequilibrio ha sido denunciado por la OMS, pero los grandes del mundo parecen haberse encogido de hombros. EEUU se negó de inmediato. La UE ha dicho que cada nación de nuestro continente es libre de decidir si distribuye o no una tercera dosis en detrimento de esa acción solidaria. Y Francia y Alemania han contestado que vacunarán de nuevo a la población vulnerable.

¿No habría manera de conciliar de algún modo las dos necesidades? Se trataría de tranquilizar a los vacunados occidentales y auxiliar poderosamente a los países menos desarrollados. Si las investigaciones que se realizan a cabo a marchas forzadas consiguieran precisar cuánto tiempo dura la inmunidad de la vacuna, ese dato podría estimular a medio mundo hacia la ayuda a la otra mitad.

En ese sentido, España ha comenzado a repartir 7,5 millones de dosis a países de América Latina y el Caribe, en una medida imprescindible de apoyo. De esa cantidad, cuando acabe este fin de semana, 600.000 vacunas habrán llegado a Perú, Guatemala, Paraguay y Nicaragua. Desde la Unión Africana también se ha alertado de la imperiosa necesidad de vacunar en primera instancia a tanta población como sea posible, y si no se hace una bomba de relojería estaría preparándose porque surgirán más variantes del virus con impacto en toda la población mundial.

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