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La cultura como germen de la educación

No se ha sabido adaptar la educación y conjugar la tecnociencia y las humanidades

Luis Fernando Valero

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Jean Monnet, uno de los padres de la Unión Europea, UE, dijo que si tuviera que volver a pensar la UE no empezaría por el carbón y el acero, sino por la cultura. Ya en 1943 señaló: «No habrá paz en Europa, si los Estados se reconstruyen sobre una base de soberanía nacional [...]. Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables. Esto supone que los Estados de Europa se agrupen en una Federación o ‘entidad europea’ que los convierta en una unidad económica común».

El proceso evolutivo social ha pasado por la era agrícola, la comercial, la industrial, la tecnológica y ahora se denomina la sociedad del conocimiento, pero si se observa bien la realidad, en esta época, no se fomenta el conocimiento, se fomenta la información y una buena prueba de ello es que lo que se generaliza es la opinión de la posverdad que se hace viral en las redes sociales, y la posverdad no está basada en el conocimiento racional sino en la explosión emocional.

Hoy se practica una tecnociencia que está al servicio de las corporaciones empresariales que son los que dictan las necesidades en la sociedad, no es casualidad que las primeras empresas mundiales sean: Appel, Alphabet Microsoft, Amazon, Facebook ¿Qué producen básicamente? Información, servicios. Y las consecuencias de esto es que hemos creído que todo progreso es bueno siempre ¿pero a costa de qué? Piénsenlo. Hemos arramblado con las humanidades y nos hemos lanzado en brazos de las tecnociencias y ya estamos viendo quienes nos gobiernan y quienes son lo que determinan nuestros actos y como legislan.

Hemos abandonado aquello que ya denunció Charles Snow su famosa obra Las dos culturas, lo que ocurre es que una se ha comido a la otra, y la consecuencia es que la calidad de la educación está declinando a nivel mundial. Lo ha vuelto a señalar Martha Nussbaum: «Estamos en medio de una crisis de proporciones masivas y grave importancia mundial. No me refiero a la crisis económica mundial que comenzó en 2008 [...] esta crisis de la educación es potencialmente devastadora para el futuro de la democracia en el mundo» (discurso de doctor honoris en la Universidad de Antioquia, 2015).

Ya lo estamos viendo en los países de nuestro entorno ‘civilizatorio’. No se ha sabido adaptar la educación en la sociedad del conocimiento, y conjugar la tecnociencia y las humanidades. Se ha ignorado aquello que señalo el filósofo del lenguaje John Austin: la palabra no solo describe sino que tiene una clara acción performativa. Una cosa es el lenguaje constatativo y otro el performativo que es realizativo. «Los primeros los utilizamos para describir determinadas cosas; con los segundos no se constata o describe nada sino que se realiza un acto». Ya lo comenté en otra tribuna, El ‘meme’, el lenguaje y el procés («relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal»).

Se ha desarmado la educación y por ello a la sociedad que ha quedado a merced de la posverdad, sin poder de racionalizar, pensar, reflexionar, ¿por qué creen que Stalin se cargó y destruyó todo el proyecto educativo de Lev Semiónovich Vygotski con obras como La conciencia como problema de la psicología del comportamiento y Pensamiento y lenguaje? Lo destruyó Stalin porque él no quería gente que pensara, analizara, internalizara los hechos. A primeros de febrero asistí a un evento que auspiciaba una fundación que analiza la educación en Cataluña, las cosas que ahí se dijeron, por parte del profesorado del grupo que asistí, ponen los pelos de punta.

Hoy está recogiendo en la sociedad catalana y por ende la española años y años de adoctrinamiento, que ha sido denunciado por expertos en el tema, pero los políticos de turno, de uno y otro lado, no les ha interesado entrar en la cuestión y se ha mirado para otro lado.

En estas palabras de Martha Nussbaun se señala la cuestión: «Dado que el crecimiento económico es buscado tan ansiosamente por todas las naciones, se han planteado muy pocas preguntas, tanto en los países desarrollados como en desarrollo, acerca del rumbo de la educación y, con ella, de la sociedad democrática. Con el afán de la rentabilidad en el mercado global, están en peligro de perderse valores preciosos para el futuro de la democracia. El afán de lucro sugiere a los políticos más preocupados que la ciencia y la tecnología son de crucial importancia para la salud futura de sus naciones».

Y ya se sabe y se ha comprobado que detrás está la corrupción y con ella la manipulación política de la democracia.

Piensen estas palabras de la citada filosofa ética: «Tres valores son particularmente cruciales para una ciudadanía democrática decente. El primero es la capacidad socrática de autocrítica y pensamiento crítico acerca de las tradiciones propias de cada uno. Como sostiene Sócrates, la democracia necesita ciudadanos que puedan pensar por sí mismos, en lugar de deferir a la autoridad, que puedan razonar juntos sobre sus opciones en lugar de simplemente negociar sus argumentos y contra-argumentos».

Esto, como es lógico, requiere ‘un proceso’. En otra tribuna seguiremos el discurso de Martha Nussbaum y veremos sí se está siguiendo.

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