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La dama blanca, el collar de perlas y un perro verde

Los que nos creíamos inmunes y con una sanidad de alto nivel, nos viene un ente que no tiene vida propia sino que necesita del ADN de nuestras células para vivir y reproducirse y nos ha abierto los ojos
 

Emilio Mayayo

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Podría ser el título de un cuadro, si fuera así, lo deberíamos encuadrar en una época o estilo en el que colocarlo. Luego hallar un autor a quién atribuirlo y ser este el responsable de un título tan rimbombante. Puede que es lo de menos, pero para hacer conjeturas y con una base de nivel bajo en pintura quién tiene más números para ser el autor de un cuadro con semejante título fuera Joan Miró. Aunque podría ser de otro como Klee, Klandinsky, Braque, Juan Gris o el mismo Picasso. Lo dejo al criterio del lector.

La vida es como un cuadro, no importa el tamaño, lo que importa es el contenido. El autor es cada cual y dispone de una gran paleta en la que están todos los colores representados. Cada cual escoge la temática y cada cual va perfilando su contenido. Indudablemente disponemos de ayudas que nos van corrigiendo y orientando en cómo hacer la obra. Sin embargo, tiramos hacia nuestras propias inclinaciones y hacia nuestros sentimientos. Poco a poco cada uno realiza la obra de su vida.

Continuando con la pintura, habitualmente en los cuadros se representa a los muertos o moribundos con un color pálido, blanco. Para hacer un paralelismo, he puesto la dama blanca como sinónimo de sufrimiento y muerte. Es lo que estamos padeciendo, desde hace meses con el SARS-Cov2 o Covid19. Una tremenda pandemia que todos hemos sufrido en nuestras carnes, bien de forma directa o bien de forma indirecta.

Que la pandemia sirva para profundizar en los conocimientos científicos, en el estudio de las patogenias, de los mecanismos de infección, de las complicaciones, etc. Se disponen de muchos medios científicos para poderlo realizar

A todos nos ha tocado sufrir el confinamiento, la alarma, los aplausos a las ocho o lo que vendrá. Me gustaría remarcar y recordar a los muertos. No voy a entrar en los números, sí en que ha habido un considerable número de ellos, digamos que sobre los 40.000, y que poco se ha extraído de ellos. Me refiero a mi especialidad y profesión, se han realizado muy pocas autopsias, digamos que una miseria con lo que nos podrían haber aportado y lo que podríamos haber aprendido. Personalmente he sido muy crítico con mi sociedad científica y les he recordado que cuando la época fuerte del sida, nos metimos en nuestro haber un buen número de autopsias y con unas condiciones y materiales del otro siglo. Los que somos de antes de la transición éramos así, si se tenía que hacer, se hacía y tirábamos de profesionalidad. Los de ahora, que si no tenemos material, condiciones o valor para la realización. No todos los sanitarios han respondido de igual manera. Demasiados miramientos fruto de haber tenido las cosas demasiado fáciles. Estamos perdiendo una oportunidad única en esta materia.

El collar de perlas siempre ha significado el poder económico de una persona o familia. A mayor poder adquisitivo, más vueltas de perlas alrededor del cuello. Indudablemente, hay que mirar todo el contexto y ver que los ropajes y otras joyas que acompañan, van en conjunción. Con este símil quiero plasmar a todos aquellos que han visto en la pandemia el momento de su enriquecimiento o el aumentar sus ya sabrosas cuentas corrientes. No solamente la industria sanitaria con el desarrollo de la vacuna, también otras empresas a la par o todas aquellas que han visto el momento oportuno para sus negocios. No quiero, ni pretendo olvidar a todas aquellas otras y autónomos que han sufrido todo lo contrario, qué las hay y muchas. Pero los hay que han aprovechado la ocasión sin escrúpulos para ser más poderosos.

Pongamos por ejemplo la cantidad de laboratorios farmacéuticos y empresas que están intentando ser la primera en conseguir la vacuna o fármaco para erradicar el virus. No lo hacen para entregarlo de forma altruista a la humanidad, lo hacen para conseguir pingües beneficios.

Se dice que cuando una cosa o persona es rara o fuera de lo normal «es más raro que un perro verde». Es una excepcionalidad que se presenta en contadas ocasiones. Así tenemos que una pandemia se presenta muy raramente. Salvo pequeños intentos y avisos que tuvimos los años pasados, la gran pandemia anterior fue hace justamente un siglo. Significa mucho tiempo y en aquellos entonces la tecnología y la ciencia estaba en pañales. Ahora en nuestros tiempos, deberíamos buscar lo positivo (no a los positivos), ya que la historia nos ha castigado con este azote, que sirva para mucho y en todos los campos, no solamente en el científico. Centrándonos en el área de salud, que sirva para dejarnos ver las vergüenzas y las debilidades. Los que nos creíamos inmunes y con una sanidad de alto nivel, nos viene un ente que no tiene vida propia sino que necesita del ADN de nuestras células para vivir y reproducirse y nos ha abierto los ojos. O por lo menos nos los tendría que abrir. Que nos haga valorar lo que tenemos, lo que no tenemos y lo que pretendemos. Que la pandemia sirva para profundizar en los conocimientos científicos, en el estudio de las patogenias, de los mecanismos de infección, las complicaciones, etc. Se disponen de muchos medios científicos para poderlo realizar. Todo puede ser un gran progreso para la humanidad y para el futuro.

Lamentablemente, hay falta de complicidad entre los que mandan y los que somos mandados. No hace falta decir más. Solamente remarcar que cada cual tiene y pinta el cuadro de su vida con los inputs que le llegan y con los que genera su complejo cerebro. Tengamos cerebro y hagamos ver a los que parece que no lo tienen, lo que vale la vida.

*Emilio Mayayo, Catedrático Patología URV. Doctor en Medicina por la Universitat de Barcelona (1987). Exjefe de la Sección de Patología del Hospital Joan XXIII de Tarragona. Coordinador de la sección de Patología Infecciosa de la Sociedad Española de Anatomía Patológica (SEAP). Exvicepresidente de la Acadèmia de Ciències Mèdiques de Tarragona.

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