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La democracia y el virus

En democracia el pueblo es la empresa y los políticos son los representantes-trabajadores en diferentes estamentos y categorías
 

Josep Muñoz Gràcia

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La democracia y el virus

La democracia y el virus

Si analizamos la definición de democracia, encontramos que dice: Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representes. O sea, el pueblo es la ‘empresa’ de la nación.

Si analizamos la definición de virus dice: Microorganismo compuesto de material genético protegido por un envoltorio proteico que causa diversas enfermedades introduciéndose como parásito en una célula para reproducirse en ella.

Concretando, en democracia el pueblo es la empresa y los políticos son los representantes-trabajadores en diferentes estamentos, categorías, escalones… como en cualquier configuración empresarial. Los trabajadores-representantes, deben de dar las soluciones, para que el capital de la empresa, o sea los impuestos, (cantidad de dinero que pagamos a la Administración para contribuir a la hacienda pública, o, tributo que pagamos al estado para soportar los gastos públicos), se utilicen de la manera más: proporcional, lógica, adecuada, necesaria, meditada, analizada.

Ahora, concretando sobre el virus: los hay de tipos diferentes y operan de forma muy variada, por vía aérea cuando respiramos y por contacto, cuando los injerimos por alimentos, los que obtenemos directamente de nuestras madres (a veces) los que obtenemos por contacto sexual (a veces) y los que se transmiten por picadas de insectos, como los mosquitos… La piel representa una barrera impenetrable para un virus porque está conformada por capas de células muertas y los virus necesitan células vivas, para poder reproducirse. Por eso nuestros técnicos-especialistas en prevención, insisten en llevar ‘mascarillas’ que protegen nuestra respiración (por cierto, gravadas con el 21% de IVA) y dejan en segundo plano el uso de los guantes, para la gente de a pie, pero no lógicamente para el sistema médico.

Hasta aquí, tenemos más o menos, claro que el virus no funciona como una democracia, no entiende de: estados, naciones, provincias, sexo, edad, color…pero, la democracia, si de eso y mucho más.

Vayamos a la democracia ¡ojo!, esto es diferente, creo, pienso…

El punto de partida de las sociedades democráticas es la existencia de desacuerdos y parte de sus tareas consisten en generar acuerdos. En este 2020, hemos empezado a tomar conciencia de que nuestro sistema de salud primero y la economía segundo, deben de ir cogidas del brazo, pero se han convertido por motivos más que sobrados en una indignación actual, para todos los ciudadanos, aunque ya venía de mucho más atrás: con compras a destiempo, con precios elevados fuera de mercado normal, de nula efectividad, mal reparto, y sobre todo de una centralización injusta, por falta de conocimiento del territorio en general.

Yo, dentro de mi indignación no exijo un régimen político distinto a la democracia (quizás no monárquica, si con presidente de república…) sino todo lo contrario, que la misma se desarrolle con autenticidad.

No pongo en duda la legitimidad de los representes-trabajadores de esta democracia floja y coja, ya que han sido escogidos, ¿no digo elegidos?, por la Empresa (el pueblo). Pero lo que ha sufrido un cierto gran desgaste es la credibilidad que están ofreciendo en correspondencia para lo que fueron contratados o escogidos, en su día y en el rendimiento real que están dando, actualmente. Resulta, gravísimo en democracia la poca confianza que se genera, actuando o trabajando de la forma que están desarrollando su tarea o misión.

Estamos viendo otra vez los aspectos de descalificaciones, entre partidos y los pactos por números, por sillones, no por soluciones. ¿Pero es esto democracia? ¿Para esto los contratemos?

Según dice la definición de democracia: tiene un punto de partida de desacuerdos. OK, pero parte de su tarea de trabajo principal, es «generar acuerdos conjuntamente» y no puede haber excusas. En resumen, una democracia debe de ser de alguna manera un sistema de cooperación en todas las soluciones.

Pero nuestra democracia, española, a mi humilde entender, está desautorizada de raíz, porque los ciudadanos, ‘el pueblo’, ‘la empresa’, tiene que ser de alguna manera los autores y son ellos los que tienen que encontrar los puntos comunes (como empresa) directamente o a través de sus representes-trabajadores pero eso no sucede, porque cuando entran en la ‘empresa’, prometen, dicen y juran ‘A’ y hacen ‘Z’. En consecuencia, hay también una mala gestión ‘empresarial’ al no haber sabido contratar a los representas-trabajadores, adecuados. En consecuencia, votamos mal y peor, pero quizás no haya otra vía, que sería desoladora y se tendrían que tomar medidas urgentes, sobre todo en el número de representantes-trabajadores y de su calidad…

Hay un bello proverbio de Antonio Machado, como que ahora voy alguna vez por Soria, lo he oído y dice: «¿Tu verdad? NO, la verdad y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdala».

Pero sucede que las cuestiones políticas no se miden por el parámetro de la verdad o falsedad. Eso ocurre en las ciencias, que deben de comprobar si sus afirmaciones se dejan validar por la realidad. A mi parecer, en política, la verdad, es un poco relativa, ya que es difícil unir lo justo con lo conveniente.

Por favor, lo que tienen que conseguir, si quieren conservar el puesto de trabajo, en su ‘empresa actual’ (el Gobierno) es: economizar los desacuerdos, en tratar de encontrar la mayor cantidad de acuerdos posibles, buscando un núcleo compartido de exigencias básicas, que una democracia del siglo XXI debe de tener, para estar a la altura de las circunstancias.

En estos momentos lo que necesitamos, para iniciar el camino de la recuperación sin pedruscos. Además de tener clara la desconfinación del coronavirus. Es el tener unas Instituciones públicas sólidas, una cultura básica en la confianza, baja desigualdad, buenos servicios públicos, correcta financiación con los impuestos ajustados, un sistema de bienestar que nivele la desigualdad y un índice elevado de saber «¿a quién votamos?».

Este es el sueño que debemos de tener muy presente para salir de estos dos graves problemas que nos están haciendo padecer de forma constante y diferente.

No es mi intención ofender a nadie, cuando comparo político-trabajador-representantes; empresa-pueblo u otros. Simplemente es lo que siento y pienso en este complicado momento.

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