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La dignidad de la Unión Europea

El turco Recep Erdogan relegó al sofá, en una audiencia, a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen

Diari de Tarragona

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Muchos ciudadanos europeos se indignaron al ver por televisión el notorio desaire que sufrió la presidenta de la Comisión Europea ante el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien, en el curso de una audiencia, se sentó en lugar preeminente junto al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y relegó a un sofá lateral a Ursula von der Leyen.

La respuesta más franca al desaire -que también mostró la torpeza del propio Michel- ha sido la ofrecida por el primer ministro italiano, Mario Draghi: «Me ha disgustado mucho la humillación sufrida por la presidenta de la Comisión Europea». Para añadir después: «Con estos dictadores, a los cuales necesitamos para colaborar, hay que ser franco para afirmar la propia posición, pero también estar preparados para cooperar por los intereses del propio país. Hay que encontrar un equilibrio justo».

Lo cierto es que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, está alejando a su país de las condiciones de Copenhague, que son los requisitos democráticos para que un candidato pueda incorporarse a la UE.

Y sin embargo, la Unión Europea tiene que callarse a menudo ante las violaciones de los derechos humanos que comete Turquía porque se vale de ellas para resolver el problema de la presión migratoria.

Europa ‘compra’ a Ankara, mediante cantidades de dinero muy elevadas, que Turquía mantenga en su territorio a los millones de refugiados sirios que pretenden ingresar en territorio de la propia Unión Europea.

Pero la verdad es que por desgracia nada nos importa el trato que reciben estos refugiados, ni la arbitrariedad autoritaria del dictador turco que traiciona la memoria del fundador de la moderna Turquía, Ataturk.

Por eso, von der Leyen ha tenido que resignarse a la humillación sufrida, que solo algunas voces se atreven a criticar.

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