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La diplomacia de la hipocresía

La 'realpolitik' domina las relaciones internacionales y hace mirar hacia otro lado cuando los intereses propios están en juego
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Arabia Saudí es una dictadura hereditaria que basa su existencia en la opulencia que le proporcionan sus recursos naturales prácticamente ilimitados, en la que no rigen los derechos humanos y la mujer es postergada hasta la aberración. El régimen de ese país financia innumerables movimientos islámicos radicales, e incluso Al Qaeda ha sido una emanación del oscuro mundo suní que tiene su centro político en Riad. Pues bien: ante la muerte del anciano monarca que reinaba en el país y la entronización de su hermanastro, toda la comunidad occidental ha acudido a Riad a rendir pleitesía al sistema dictatorial e ignorante de los derechos humanos . El príncipe Carlos de Inglaterra, Cameron, Hollande y Felipe VI han acudido solícitos a los funerales y a la entronización, y hasta el propio Obama no ha faltado a la cita. Es la realpolitik, aceptada prácticamente por todo el mundo a derecha y a izquierda, que domina las relaciones internacionales y caracteriza los principales equilibrios. Pero alguien tendrá que decir que sobre estos cimientos es imposible hablar de paz justa en Oriente Próximo, o intentar cualquier mediación razonable en la guerra que estremece a Siria e Irak, o proponer negociaciones en el interminable conflicto palestino israelí. Toda la región está apoyada en un mar de cinismo estabilizado por ríos de petrodólares que son capaces de sobreponerse a cualquier consideración moral. Es la diplomacia de la hipocresía.

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