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La ecografía de Susana: 22-M

El anticipo a Susana Díaz le proporciona una gran posición para verlas venir
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Con seguridad Susana Díaz no necesitaba el instinto natural de una mujer embarazada para tener el calendario bajo absoluto control. Ese es un extra que ella parece que traía de serie. Y su ecografía política le da una fecha muy fiable para salir de cuentas electorales: 22-M. Solo convocando ahora, ella dominará la situación: a IU, que le amenazaba la estabilidad con un referéndum y el tono cada vez más ásperamente podemizado de Garzón; a Podemos, aún con impacto limitado en Andalucía; al PP, cuyo candidato no ha roto, y con el discurso de la recuperación sin cuajar; el efecto bumerán de las municipales; la crisis del PSOE… Ahora era su momento. Solo necesitaba superar la prueba delicada de justificar el adelanto. Y no parece casualidad que filtrase la noticia el domingo de noche bajo el estruendo de Syriza. De ese modo el ruido griego amortiguaría la polémica. Y así ha sido. De la prensa al telediario, lo suyo quedó en noticia secundaria. Claro que todo esto es un teatro colectivo. Moreno Bonilla planteaba hace un mes el adelanto («disuelva el Parlamento, adelante las elecciones y que los andaluces decidan») y ahora clama que adelantar es un escándalo. Esa imagen veleta ya ni siquiera resulta hipócrita, sino ridícula. El PP ha estado usando en su argumentario el deterioro del pacto con IU; así que rasgarse ahora las vestiduras resulta chusco. Todo parece más simple: la derecha reclamaba elecciones cuando no contaba con ellas; y ahora les ha pillado el toro porque, contra pronóstico, Susana se ha encontrado con marzo libre, donde estaba prevista la cita catalana desplazada a septiembre, y la fecha le va de perlas. Encaja incluso su embarazo en la ecuación.

Va a ser un año de tensión a tiempo completo, y el anticipo a Susana Díaz le proporciona una gran posición estratégica para consolidarse y verlas venir. Se trata de un proceso muy calculado. Incluso el mismo lunes aforó en el Parlamento, sin pudor, a tres exconsejeros candidatos a imputados por los ERE para evitar sorpresas en la campaña. Después de los campanazos de Alaya en las últimas citas electorales, cabía esperar algo estruendoso antes del 22-M. Todo parece muy medido.

De hecho, más allá del poder andaluz, la fecha tiene un gran valor estratégico para controlar y quizá rescatar a un PSOE caótico pero necesario para el sistema. Sánchez estará débil para las primarias; y si las municipales van mal, cadáver. Para verano, mientras disfruta de su maternidad, ella dará juego hasta el jaque y quizá mate. Claro que todo esto pasa por triunfar el 22-M. Existe el riesgo, claro, de hacerse un Chirac, o a la catalana ‘fer-se un Mas’, y acabar pagando una convocatoria demasiado táctica. Pero más bien parece que ella tiene la mano con las mejores cartas, mientras Podemos aún no ha llegado, IU se pasó y en el PP no llevan juego.

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