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La emoción, la decisión y la culpa

El 'gen guerrero' condiciona el sentimiento de culpa a la hora de actuar
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Daniel Kahneman, que recibió el Premio Nobel de Economía, en 2002, aunque es Psicólogo : «por haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre». Trabajó en equipo con su gran amigo Amos Tversky, fallecido en 1996, que era de formación psicólogo cognitivo y un psicólogo matemático y uno de los pioneros en el desarrollo de la ciencia cognitiva, el estudio de cómo el cerebro transforma y representa la información. Estudió los sesgos o prejuicios cognitivos, los esquemas de pensamiento irracional que son causados por errores inconscientes de percepción, evaluación o interpretación de la realidad.

Kahneman en su libro Pensar rápido pensar despacio declara:

«A menudo me siento abochornado cuando se cree y se dice que mi trabajo con Amos es una demostración de que las elecciones humanas son irracionales, cuando la verdad es que nuestra investigación solamente demuestra que los humanos no están bien descritos en el modelo de agente racional» (pag 535).

Oyendo las intervenciones de algunos políticos ante el juez o en las comisiones de investigación uno no puede por menos de recordar aquella frase del escritor Gore Vidal, que son su acerado criterio viperino señaló: «Una buena acción nunca queda sin castigo».

Los neurobiólogos cada vez lo tienen más claro, el ser humano no decide racionalmente sino emocionalmente.

Antonio Damasio, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2005 ha demostrado que la intuición está delicadamente tallada en nuestro cerebro como las muescas de un disco de vinilo. Se evidencia que las decisiones están fuertemente impregnadas de emociones. Como máximo podemos llegar al acuerdo de qué razón y emoción están estrechamente relacionadas y que en demasiadas ocasiones la emoción impregna, sin saber por qué, la toma de decisiones.

La cosa se complica cuando Han G. Brunner demostró al estudiar la secuencia del ADN que una versión defectuosa de un gen responsable de la monoainooxidasa A (MAO-A) en el cromosoma X se trasmitía por vías materna y que éste destruye los neurotransmisores como la dopamina, la norepinefrina y la serotonina que contribuyen a al estado de ánimo y a la personalidad. Este gen fue denominado el «gen guerrero» y condiciona el sentimiento de culpa a la hora de actuar.

Planteadas así las cosas, a uno le queda claro, que la conducta de algunos políticos, y oyendo a la esposa de algún otro, no son culpables de nada, ni sus vástagos, ya que son sus genes los que los eximen de culpa pues sus emociones son consecuencia de un gen defectuoso y por ello no sienten que hayan hecho nada, como ya se han argumentado por abogados defensores en juicios, en los Estados Unidos no pueden ser culpables, al igual que los que padecen el síndrome de Síndrome de Gilles de la Tourette que se ven impulsados a insultar, decir groserías y palabrotas altisonantes. No son culpables.

Hay que aceptar que esos políticos, funcionarios y demás imputados se ven compelidos a actuar así, carecen del concepto de culpa y de actuar contra la ley, más aún, algunos están por encima de ella pues sus impulsos son tan patrióticos, tan sublimes ya que todos tienen, el derecho a decidir, el derecho a votar y ellos deciden actuar así, a no cumplir las leyes, pues su gen les impulsa ello.

Sabiendo que el cerebro es producto de un larguísimo proceso evolutivo en donde hay procesos, células y bioquímica, que es igual que el de las ratas, la mantis religiosa, el tigre, etc; recuérdese que nos separa de los orangutanes, gorilas y bonobos escasamente el 2% del pensum genético hay que aceptar que algunos de los que están siendo imputados cuando se les interroga no tengan conciencia de culpa, ni haber hecho nada delictivo. No es culpa de ellos o ellas es su cerebro que por el «MAO-A» los condiciona.

Es como la imagen que se adjunta para unos es un pato, para otros ven un conejo, los especialistas afirman que lo bueno es poder pasar de ver un pato a un conejo o viceversa, según sean las condiciones del contexto, pero siempre habrá quien mantenga ad infinitun que aquello es un pato y no un conejo. La decisión es por gen «MAO-A».¡Qué le vamos a hacer!

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