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La encrucijada de un partido sumergente

Ciudadanos tiene todavía la opción de reflexionar sobre su función en la democracia española, recorriendo su particular travesía del desierto hacia el centro político

Dánel Arzamendi

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La encrucijada de un partido sumergente

La encrucijada de un partido sumergente

Los complejos resultados de las elecciones del pasado domingo sólo permitían dos fórmulas de gobierno: un pacto transversal a la alemana entre socialistas y populares, o bien un ejecutivo de izquierdas con el respaldo de un aluvión de formaciones modestas y variopintas. La primera posibilidad pareció descartada desde un inicio por sus hipotéticos protagonistas, especialmente tras el anuncio de un principio de acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para la conformación de un futuro gobierno progresista. La probabilidad de atraer a este proyecto los votos de diversas siglas menores parece elevada, y la suma de PSOE, UP, PNV, MP, CC, PRC y BNG permitiría contar con el respaldo de 169 escaños. La pregunta es obvia: ¿cómo se completará esta cifra para lograr la investidura?

Hasta este mismo lunes, parecía evidente que este problema aritmético sólo podría resolverse con la abstención de ERC, una eventualidad que presentaba notables inconvenientes. En el actual contexto político y social que vive Catalunya, la posibilidad de que los republicanos permitieran la investidura de Sánchez tendría un coste elevadísimo. Efectivamente, nadie duda de que a corto o medio plazo se convocarán elecciones al Parlament, y las luchas de poder en el seno del soberanismo impedirían la inclusión de ERC en la fórmula de gobierno, si no fuera a cambio de determinadas contrapartidas difícilmente asumibles por el gobierno estatal: amnistía, referéndum, etc. Además, con la perspectiva de una inminente desaceleración económica, la reducción de la negociación al mero trámite de la investidura nos sumergiría en una legislatura caótica, con un gobierno incapaz de afrontar las reformas necesarias para sobrellevar este preocupante ciclo global con unas mínimas garantías.

Sin embargo, en medio de este panorama endiablado, la debacle de Ciudadanos ha permitido atisbar un hilo de luz al final del túnel. En efecto, el calamitoso liderazgo que ha ejercido durante los últimos años el finiquitado Albert Rivera, obsesionado con reemplazar al PP como principal partido del bloque conservador, sufrió el pasado domingo una enmienda a la totalidad. Ha quedado demostrado que en el espectro derechista español no hay suficiente espacio para tres partidos que defienden propuestas muy similares en cuestiones centrales del actual debate público.

Si analizamos la trayectoria que ha llevado a Ciudadanos al colapso, debemos comenzar recordando que su votante originario mostraba un perfil mayoritariamente centrado y liberal, pero las sucesivas convulsiones ideológicas de la formación naranja fueron decantando este target hacia un planteamiento cada vez más conservador y nacionalista. Por el camino, el partido antiguamente emergente (hoy sumergente) asistió impasible a la estampida de gran parte de sus miembros fundadores, desconcertados ante la deriva cesarista y derechizadora de Rivera. Y para colmo, ha sido finalmente Vox la formación que paradójicamente ha terminado capitalizando este voto de forma avasalladora. Hoy Ciudadanos es una sombra de lo que fue y se prepara para celebrar un congreso, con tintes de refundación, para decidir qué quiere ser en el futuro. Básicamente son dos las opciones que se le presentan.

Por un lado, los rescoldos de la hecatombe pueden seguir insistiendo en el planteamiento que los ha sepultado: pelear por hacerse un hueco en el espacio conservador contra un partido con una estructura descomunal (PP) y pretender convertirse en el adalid de las esencias patrias frente a una formación de extrema derecha (Vox). Cada uno es muy libre de decidir cómo quiere suicidarse, pero intentar autoconvencerse de que continuar por el mismo sendero es la solución a sus problemas electorales demuestra una insensatez sólo comparable a la ambición y la egolatría de su dimisionario líder.

Pero existe una alternativa, que consiste en recuperar la vocación originaria con la que esta formación dio el salto a la política estatal: convertirse en el partido bisagra que facilite la gobernabilidad y modere los sucesivos ejecutivos de socialistas y populares, trazando algunas líneas centrales que puedan ser compartidas y desarrolladas a lo largo de las legislaturas. Esta posibilidad conllevaría interiorizar y aplicar los conocidos cinco pasos de la confesión católica: examen de conciencia (la convocatoria de un congreso extraordinario es un buen comienzo), dolor de los pecados (la noche electoral fue suficiente), propósito de enmienda (pasar página de la etapa riverista), decir los pecados al confesor (reconocer el disparate ante su electorado de centro), y cumplir la penitencia (una legislatura de irrelevancia).

Ciudadanos tiene todavía la opción de reflexionar sobre su función en la democracia española, recorriendo su particular travesía del desierto hacia el centro político. Para ello debe asumir y explicitar que estos últimos años han sido un error, un inmenso error, y que existe la voluntad real de recuperar su papel en nuestro sistema parlamentario. Ahora tiene la oportunidad de hacerlo, colaborando con el ejecutivo que se barrunta, aunque cuesta imaginar que los cuadros dirigentes que han llevado el partido al desastre sean los que enarbolen este regreso a la transversalidad, la moderación y la centralidad.

En un contexto político tan volátil e imprevisible, resulta complicado asegurar lo que puede ocurrir dentro de unos años, pero todo apunta a que Ciudadanos puede desaparecer por completo si no realiza una lectura honesta y correcta de lo que acaba de sucederle. En el fragor de la campaña, la khaleesi naranja se desgañitaba gritando que «huele a remontada». Horas después, su partido dilapidaba el ochenta por ciento de sus escaños. Si no cambian de rumbo, más bien, huele a CDS.

Dánel Arzamendi. Colaborador de Opinió del ‘Diari’ desde hace más de una década, ha publicado numerosos artículos en diversos medios, colabora como tertuliano en Onda Cero Tarragona, y es autor de la novela ‘A la luz de la noche’.

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