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La escapada real. Un vuelo que parecería de fuga

Antoni Coll

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La escapada real. Un vuelo que parecería de fuga

La escapada real. Un vuelo que parecería de fuga

En la primavera de 1976, siendo director de El Noticiero de Zaragoza, recibí una llamada de Carles Sentís, recién nombrado director general de Relaciones Informativas en la Monarquía que se estrenaba.

Me dijo: «Estoy confeccionando una lista de una veintena de periodistas para acompañar a los Reyes en su primer viaje oficial al extranjero. Será a la República Dominicana y Estados Unidos. ¿Te apetece venir?». 

Ayer recordé aquel viaje al llegar noticias (que se mantenían mientras escribo estas líneas) de que el rey emérito se ha refugiado en la República Dominicana, tras un viaje que habría comenzado en Galicia y pasado por Oporto, donde cogió un vuelo que pareciera de fuga si no hubiera dicho, a través de su abogado, que está «a disposición de la justicia».

Areilza, ministro de Exteriores y Sentís acompañaban al monarca y a la reina Sofía en aquel primer viaje. Después de la estancia en Santo Domingo, pasó una semana en Washington y Nueva York.

Gobernaba aún en España Carlos Arias, que poco antes había llorado anunciando la muerte de Franco. Juan Carlos I era una esperanza democrática que se confirmó con el tiempo. 

Según las noticias, el rey emérito ha vuelto ahora a la República Dominicana, envejecido de cuerpo y espíritu, tras dilapidar el prestigio almacenado, y decepcionar a millones de personas que apreciaron su actuación durante décadas al frente del Estado. 

Un comienzo difícil

La historia se precipita a veces.

Franco murió el 20 de noviembre de 1975 y dos días más tarde las Cortes franquistas proclamaron rey a Juan Carlos de Borbón por 491 votos a favor, 19 en contra, 9 abstenciones y con algunos diputados ausentes.

Aquella misma tarde Jaime Peñafiel compartió dos horas con los nuevos reyes, de 7 a 9, en la Zarzuela. Durante estas dos horas no sonó el teléfono. Da una idea de la poca prisa que tuvieron los gobernantes del mundo para felicitar al recién elegido. 

Por ello el viaje americano de mayo de 1976 era importante por convertirse en su presentación en sociedad, que alcanzó su momentum cuando el joven Rey habló ante el Congreso de los Estados Unidos. 

En julio de aquel año Juan Carlos I tomó la decisión de cambiar a Arias por Suárez. Apenas se conocían personalmente, excepto de un almuerzo en Segovia y alguna breve conversación.

Así comenzó la operación de reforma más exitosa que podía haberse imaginado, bendecida por Fraga y por Carrillo y aceptada por Felipe González. La jugada puede parecer una exageración contada ahora, pero una revista poco frívola, The Economist, llegó a proponer al rey para el Nobel de la Paz por su intervención en recoser las viejas heridas de la guerra y la dictadura. 

La dimisión

Cuando Juan Carlos I llevaba 38 años de reinado, el 2 de junio de 2014, José Antonio Zarzalejos, exdirector de varios periódicos, entre los cuales ABC, dio en El Digital la exclusiva de que el Rey había abdicado, novedad que la Casa Real confirmó muy pronto.

Escogió esta fecha antes de la dimisión anunciada de Rubalcaba, de quien había obtenido garantías de que el PSOE no se acordaría de sus genes republicanos y no objetaría la sucesión en Felipe VI.

Pasados seis años, otra nota de la Casa Real da cuenta de que Juan Carlos I abandona el país, para el bien de España, como dijo en su día Alfonso XIII, y en este caso para salvaguardar a la monarquía en la persona de su hijo.

El actual rey, después de que la monarquía fuera salpicada por el caso Urdangarín se enfrenta ahora a una crisis mayor protagonizada por su padre, aquel de quien heredó la corona.

Reacciones de los partidos

El PSOE se ve ahora en la necesidad de defender a Felipe VI, en nombre del pacto de la Transición, pese a estar en coalición con un partido que aboga por la República. Pablo Iglesias no se lo pondrá fácil, pero tampoco imposible. En cuanto al PP y Ciudadanos no le plantearán ningún problema.

Lógicamente, los partidos independentistas tratarán de erosionar al Estado. Quim Torra, que no se anda con matices, ya ha pedido la abdicación de Felipe VI y, después  de repetir que «Catalunya no té rei», ha pedido la convocatoria urgente del Parlament para tratar sobre el rey.
 

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