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La estrategia del odio

Cuanto peor, mejor. PP, Vox y Ciudadanos ansían que haya actos de violencia en Catalunya 

Xavi Fernández

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La estrategia del odio

La estrategia del odio

Me resisto a pensar que la operación contra los CDR acusados de terrorismo sea un montaje. Quizá se trate ‘solo’ de una exageración. O posiblemente ese grupo de iluminados hayan creído que la violencia es el camino hacia la secesión.

Si es así, no solo son unos descerebrados que no representan a Catalunya sino que se han convertido en peones para la estrategia del odio, una estrategia que brillará en todo su esplendor desde que se conozca, hoy o mañana, la sentencia del Procés. Si el independentismo lo permite, claro.

El objetivo de dicha estrategia es claro: dar un giro al Gobierno en Catalunya y borrar de las instituciones a los partidos secesionistas. Primer paso: las detenciones de un grupillo que supuestamente preparaba ataques. Segundo paso: filtrar lo pérfidos que son esos CDR a diestro y siniestro. Tercero: los medios de comunicación españoles que toman la parte por el todo y transmiten la idea de que todo lo que huele a independentismo se aproxima mucho al terrorismo.

Entre las filtraciones, los presuntos vínculos de los CDR con Carles Puigdemont. El expresident pasa de ser un pesadísimo político que no sabe hablar de otra cosa a un presunto jefe terrorista, una especie de Josu Ternera con barretina.

El caldo del odio empieza a hervir. Falta un cuarto paso, el que lo lleve a ebullición. Aquí aparece la diputada tarraconense Lorena Roldán y, en uno de los actos políticos más cuestionables (por emplear una palabra suave) de los últimos tiempos, saca en el Parlament una foto del atentado etarra contra el cuartel de Vic y recuerda a Quim Torra que «nunca olvide hasta dónde puede llegar el odio».

Roldán va más allá y afirma que (la del independentismo catalán) «no es la revolución de las sonrisas, son los explosivos». Supera incluso a Cayetana Álvarez de Toledo que tildó de «xenófobos» a los dos millones de votantes independentistas. Roldán insinúa que son terroristas.
El escenario ya está montado para el quinto paso: cualquier protesta contra la sentencia del Procés no solo supone una falta de respeto a la Justicia sino que es un acto violento.

Y a la violencia se la combate con violencia. Toda carga policial está justificada. Y, de paso, un nuevo 155 se convierte en imprescindible. Como mínimo. O, mejor aún, se ilegalizan los partidos «independentistas-terroristas». Si no puedes derrotar a tu enemigo, lo borras del mapa electoral.

El sexto paso. Ante tal caos, ¿cómo va a pensar nadie en indultar a los presos? El PSOE, si está en el Gobierno, no se atreverá. El PP no lo hará nunca, el mismo PP, por cierto, que sí indultó a exaltos cargos socialistas condenados por su supuesta relación con el GAL: Rafael Vera y José Barrionuevo.

La clave de esta estrategia del odio es que haya actos violentos. PP, Ciudadanos y Vox lo ansían para instar, aún más, a Pedro Sánchez a que aplique mano dura. ¿Los independentistas con sentido común le van a dar ese gustazo a la triderecha?

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