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La falacia educativa

Preocupa que a estas alturas no se sepa cómo afrontar el nuevo curso académico a partir de septiembre y no es excusa el que no haya una vacuna

Luis Fernando Valero

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Los economistas se han puesto a pensar seriamente como salir de la inmensa problemática que ha proyectado la pandemia del Covid-19 con un diálogo virtual La economía después de la pandemia. En el ámbito de la educación es preocupante la actitud de la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celáa y el ministro de Universidades, Manuel Castells.

Ninguno de los dos parece que  quieran darse cuenta de que la educación requiere como mínimo una preocupación y una atención como la economía, pues la educación, es nada más y nada menos que el cimiento en donde se funda el futuro de un país, que es la preparación del recambio de la ciudadanía.

La ministra Celaá para sorpresa de la profesión terminó una reunión reciente con los consejeros de la educación en las autonomías, con la impresionante frase, copiada textual por más de un periodista, con un «bueno, que cada uno haga lo que quiera; se levanta la sesión»

El ministro de Universidades, según se lee en el chat de Universitarios por la convivencia, que agrupa a numerosos profesores de universidad se ve con asombro que el ministro debe guardar un recogimiento creativo y de momento pide que se consulte a los alumnos como desean ser evaluados, y afirmar que si los alumnos copian bien, es una prueba de inteligencia y que denunciar eso es un reflejo de pedagogía autoritaria.

Recurrir a la idea de que todo se haga «en línea», es no querer aceptar que la educación es urdimbre afectiva, es relación entre el profesorado y el alumnado, es motivación personal e intransferible, es la  relación personal

Preocupa que a estas alturas no se sepa cómo afrontar el nuevo curso académico a partir de septiembre y no es excusa el que no haya una vacuna y todo quede en un limbo pedagógico social.

Nuestro sistema educativo tiene una problemática que es endémica, y buena prueba de ello han sido las siete leyes generales de educación que se han producido desde la instauración de la democracia y que algunas ni se han podido poner por ser recurridas ante el constitucional. En estos momentos nadie sabe cómo se prepara la que se está elaborando, pareciera que va a ser denominada «Proyecto de Ley Orgánica de modificación de la LOE». Esta nueva ley derogará la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, LOMCE. 

La nueva ley tiene como objetivos: «modernizar el sistema educativo. Recuperar la equidad y la capacidad inclusiva del sistema. Mejorar los resultados y aumentar el éxito escolar. Estabilizar el sistema educativo como pilar básico de las políticas de conocimiento». 

Sin necesidad de ser un exquisito pedagogo y tener sólo sentido común eso es lo que debe siempre tener un sistema educativo, pero lo que urge es cómo se va a implementar el curso, y recurrir a la manida e impresentable idea de que todo se haga «en línea», es no querer aceptar que la educación es urdimbre afectiva, es relación entre el profesorado y el alumnado, es motivación personal e intransferible, es la  relación personal; la dimensión de un artículo no permite extenderse en consideraciones pedagógicas, didácticas, curriculares… pero a la educación en España le cabe el peligro que en septiembre le pase como pasó con la sanidad en los momentos difíciles y la solución no es que los maestros sufran, por incompetencia de las autoridades, los problemas que ha sufrido los profesionales de la sanidad, ansiedad, estrés, miedo, tensión emocional, angustia, depresión.

Educar «en línea», que parece que es el bálsamo de Fierabrás para la educación española, pero requiere una dimensión preparatoria importante y si no se hace bien, pasará como nos pasó con las anteriores leyes que se va de improvisación en improvisación y tiro porque me toca o en el caso de la universidad en fracaso pavoroso que significó el plan Bolonia, y desde luego la solución no es decir, que no hay un aprobado general, pero se debe ser muy flexible y comprensivo en la evaluación del alumnado.

Y luego hay otro problema añadido que ya ha señalado Yuval Harari en sus obras y algunos otros, Rifkin, Luri, Skliar,, Marina, Lledo, Barcenas, Monterrubio, Monteagudo, Gonzalez, Matos…para qué sociedad del futuro vamos a educar a las generaciones que vivirán en ella, cuando en estos momentos no se sabe qué sociedad vamos a tener, no ya de aquí a treinta años que ha dicho Harari, sino a cinco años; de lo que si estoy seguro es que requiere algo más que un: «bueno, que cada uno haga lo que quiera; se levanta la sesión»

Luis Fernando Valero. Doctor en Ciencias de la  Educación

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