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La fraternidad

Jordi Figueras Jové

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Jordi Figueras Jové

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En nuestras parroquias y comunidades hay que valorar cada vez más el sentido de la fraternidad. Entendemos por esta palabra todo lo que hace referencia a motivar y estrechar lazos en las relaciones entre las personas recurriendo a la constatación de los Hechos: «Y eran bien vistos de todo el pueblo» (Hch 2,47).

La vida parroquial está arraigada en acciones fundamentadas y determinadas, como son la evangelización y la catequesis, la caridad y especialmente la Eucaristía, sobre la que gira no únicamente la vida de la parroquia sino toda la vida cristiana.

Ahora bien, se necesitan otras instancias organizativas que promuevan el conocimiento entre las personas, una relación más afable y así crecer en el sentido de pertenencia a la parroquia y por tanto a la Iglesia, y también como visualización hacia quienes participan esporádicamente de la acción de la Iglesia, especialmente de la catequesis y de la celebración.

Pero no podemos olvidar que hay ciertas dificultades: por un lado el individualismo, el sentido de hacer, como en tantas realidades, una vivencia espiritual a la carta y no en un sentido comunitario; otra dificultad es el desconocimiento y el anonimato que se da en las ciudades, o bien los prejuicios en los pueblos y ciudades; y aún, la falta de ilusión, porque el cansancio, el ritmo estresante de la propia vida, así como el ruido mediático no ayudan al encuentro gratuito, y también el descreimiento y el relativismo en un entorno, a veces hostil. 

Pero existe la gran fortaleza de la libertad, de poder convocar y anunciar, aglutinar y hacer propuestas que dan un plus a la persona porque le ofrecen el sentido de la vida, herramientas para pensar y vivir en armonía y paz interior; en definitiva, vivir la forma de ser que surge del Evangelio. 

Por todo ello se proponen estas prioridades:

  1. Parroquia, puerta abierta. Necesitamos recuperar la costumbre de abrir la parroquia unas horas al día para que sea una referencia en el pueblo y el barrio. Si no puede haber la presencia de alguien que acoja, quien entre siempre será acogido por Aquel que está permanentemente, que le espera y tiene algo que decirle, especialmente en el silencio.
  2. Pero la acogida va más allá: para unos es la participación activa en el consejo de pastoral y en la creación de vías de comunicación para que los fieles, y todos, conozcan lo que se hace en la comunidad y se sientan invitados a colaborar.
  3. Otro paso es organizar espacios de encuentro, de convivencia, según el talante de cada parroquia.
  4. Acompañar e interesarse por aquellas personas que, por motivos de edad o de enfermedad, no pueden participar en las celebraciones de la comunidad.
  5. Y también, abrirse a las entidades y asociaciones del pueblo o del barrio donde la parroquia está encarnada como colaboradora y portadora de la buena nueva del evangelio, en el ejemplo y la buena armonía vecinal.

La fraternidad es un camino, al tiempo que se avanza ya se experimenta este don del Espíritu.

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