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La gestión de la inmigración

Debe plantearse a escala planetaria, con grandes alianzas y en el marco de un sistema global de cooperación económica y social
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Según ‘The Migrant Files’, un proyecto europeo transfronterizo en el que participan una quincena de periodistas e investigadores, en los últimos quince años, las mafias que trafican con seres humanos han obtenido unas rentas de 15.700 millones de euros. Desde el 2000, las políticas europeas de expulsiones y repatriaciones han costado unos 11.300 millones. En el mismo plazo, la vigilancia estricta de fronteras ha representado un gasto de 1.600 millones. En resumen, Europa ha invertido en quince años unos 13.000 millones de euros y las mafias han obtenido cerca de 16.000. Mantener las vallas fronterizas en Ceuta y Melilla cuesta unos 10 millones al año. España invierte unos 49 millones al año en detener y deportar a inmigrantes ilegales. Existe un programa financiado con fondos europeos (3,5 millones de euros), denominado Sniffer, que investiga cómo detectar por el olor corporal a inmigrantes ilegales. Los movimientos migratorios son pese a todo muy abultados: en 2014, unas 600.000 personas han buscado refugio en Europa y en 2015 la presión es muy superior. Las barreras impuestas han costado la vida a unas 30.000 personas en esos quince años. Ya se sabe que no es posible aceptar en Europa a todos los pobres del mundo y que hay que cuidarse del ‘efecto llamada’, pero no parece difícil de entender que la gestión de la inmigración debe plantearse a escala planetaria, con grandes alianzas y en el marco de un gran sistema global de cooperación económica y social.

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