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La glaciación de Podemos y C's

C's es un Podemos no bolivariano, y esa fuerza es también su debilidad
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Ciudadanos sube y no es sorprendente, aunque sin la efervescencia de Podemos. Eso sí, contra el riesgo soufflé de éstos -crecimiento deslumbrante pero frágil- Albert Rivera acumula el ‘background’ sólido de una década. Y ese crédito se lo cobra en la última encuesta: líder más valorado. Ya es un tenor maduro, sin la potencia desnuda de 2006 pero con más riqueza de matices. Y una característica común con Pablo Iglesias: la gente siente que hablan su mismo lenguaje. Ese es un factor esencial, sobre todo entre los jóvenes. Si el discurso de la ‘casta’ ha calado es porque de hecho la sociedad percibe a la clase política como casta. Mientras la gente se empobrecía perdiendo derechos y servicios, veía a los diputados con sus gintonics subvencionados en el Congreso, su iPad y Phone de valvulina, viajes en primera, incluso a Canarias si te sale un amor crepuscular, y retiros dorados. Por supuesto el descrédito de los grandes partidos emana de la crisis y la corrupción, pero hay algo seguro: se han alejado de la gente, y ya ni siquiera hablan su idioma. Podemos y C’s sí.

Claro que Ciudadanos no va a provocar a corto plazo en la derecha el terremoto de Podemos en la izquierda, donde ha cuarteado al PSOE. De hecho, a medida que el PP tensa el discurso a la defensiva -rescate de Aznar, guiños a las víctimas del terrorismo, valores clásicos y quizá incluso Aguirre- fortalece a Pablemos. Este fin de semana, éste no ha dudado en asumir su primer duelo en Grecia: Mariano Samaras vs Pablo Tsipras. En esa polarización, el PSOE sería un convidado de piedra, bajo la sombra del Pasok. De hecho Podemos ya ha logrado un éxito táctico al plantear esto como ‘la nueva izquierda vs la vieja derecha’. Y es ahí donde trata de hacerse espacio Ciudadanos, como oferta moderada de aire nuevo. Va a por 500 ediles, cuando en 2011 fueron nueve, casi la totalidad en Cataluña. C’s es un Podemos no bolivariano, y esa fuerza es también su debilidad, porque la gente quiere quizá regeneración, pero, para empezar, leña. En el éxito demoscópico de Pablo Iglesias y Albert Rivera importa, y mucho, el lenguaje. Ulrich Beck reclamaba conceptos nuevos para la nueva realidad; y Rubí, en su ensayo ‘Micropolítica’ apuntaba el declive de la retórica palabrera. Los grandes partidos transmiten un discurso viejo, y los jóvenes politólogos han entendido el cambio. Rivera: «mejor un simpatizante en la red que un militante de cuota». Es su aprendizaje anglosajón: hay que salir de la lógica partitocrática. Incluso se desentienden del imperativo derecha/izquierda. Claro que el PP va a ser dominante, porque monopoliza mucho espacio ideológico; pero algo ha cambiado. Tras la glaciación provocada por la crisis, hay un ecosistema adverso para los grandes dinosaurios como PP y PSOE; y especies menores pero más ágiles de Podemos o C’s irán a más. Tal vez el futuro ya es suyo.

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