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Opinion EDITORIAL

La ‘guerra de los lazos’ como síntoma

Los enfrentamientos de la ‘guerra de los lazos’ son un síntoma lamentable y preocupante de la división entre catalanes.

Diari de Tarragona

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El Condesito de Reus cruzado con un gran lazo amarillo. ALFREDO GONZÁLEZ

El Condesito de Reus cruzado con un gran lazo amarillo. ALFREDO GONZÁLEZ

La colocación de lazos amarillos y otros elementos del mismo color en lugares públicos como forma de reclamar la liberación de los exconsellers y dirigentes independentistas que se encuentran en prisión ha encontrado la réplica de sectores radicales unionistas que se han dedicado a quitar dichos elementos simbólicos, en algunas ocasiones con métodos poco edificantes. La fricción ha ido más allá en casos como en Canet de Mar donde mientras unos ponían cruces amarillas en la playa, otros las quitaban hasta que llegó la violencia con resultado de varios heridos. A raíz de estos lamentables sucesos el delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo, envió una carta a todos los alcaldes en la que pedía que «mantengan la neutralidad en la gestión de los espacios públicos» municipales, para evitar los «enfrentamientos entre ciudadanos» que han sucedido estos días en algunos municipios. En la misiva, Millo recuerda que el artículo 103 de la Constitución «consagra el principio de neutralidad de la actuación de todas las administraciones públicas al establecer que su actuación sirve con objetividad a los intereses generales, con pleno sometimiento a la ley y al derecho». No ha obtenido mucho éxito el delegado con su llamamiento. Incluso el alcalde de Tarragona, poco sospechoso de independentista, ha replicado que «pienso retirar aquellos símbolos, sean del ámbito que sea, que estén tapando un semáforo, una señalización de tráfico o un servicio, pero no me pienso dedicar a retirar lacitos ni otras cosas». Ballesteros ha añadido que siempre ha respetado la libertad de expresión y que «lo mejor que se puede hacer es no generar problemas donde no los hay». Ciertamente la mejor manera de evitar problemas con los lazos es tratarlos como una expresión más de la libertad de expresión y respetarlos siempre que no causen daños o problemas. Pero no podemos negar que los enfrentamientos surgidos en la ‘guerra de los lazos’ son el primer síntoma preocupante de un problema realmente grave como sería el enfrentamiento social entre catalanes.

 

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