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La historia vence al presente

Los británicos no se avienen a que en Europa manden los alemanes

Antoni Coll i Gilabert

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El Parlamento Británico, en Londres, donde tres cuartas partes querían seguir en la UE. Foto: Hannah Mckay/EFE

El Parlamento Británico, en Londres, donde tres cuartas partes querían seguir en la UE. Foto: Hannah Mckay/EFE

A solo doce años del final de una guerra devastadora, con decenas de millones de muertos, los pueblos que la hicieron acordaron, en 1957, formar una unión nunca vista. Solo necesitaron liderazgos morales fuertes: Monnet, Schuman, Adenauer, Spaak, De Gasperi... representando a países como Francia, Alemania, Italia y los del Benelux. No estaba el Reino Unido, que tardó 16 años en incorporarse. Lo hizo en 1973. Desde entonces los seis se ampliaron hasta los 28 en una exitosa expansión constante. Hasta ayer, que la UE perdió a su socio británico.

Se va un gran país, la segunda economía de la UE, y las consecuencias para la misma Unión son impredecibles: ¿Seguirán otros países el ejemplo británico?, ¿cómo quedará la relación entre UK y la UE?, ¿se convocará otro referéndum de escisión en Escocia?; ¿se planteará en el Ulster la reunificación con Irlanda?; ¿hasta qué punto se resentirán la economía británica y la de la UE en un periodo negociador que puede durar dos años?

Una victoria de la nostalgia

La victoria del Brexit tiene muchos componentes. Se ha apuntado que la inmigración es uno de los principales, pero UK siempre ha recibido extranjeros de todas partes, sobre todo de sus colonias.

El ‘no’ ha sido un triunfo de la nostalgia. Los británicos no se avienen a que en Europa manden los alemanes, que gobierne Bruselas y que se debata en Estrasburgo; que los acuerdos necesiten de España, de Italia, de Polonia o de Hungría…, que se abogue por monedas únicas, modos de circular uniformes, envases homologados, etc.

El león del escudo británico quiere seguir siendo el rey. Es el país que tuvo medio mundo, que mantiene la Reina, que goza de un Parlamento en el que se inspiraron todos, el país con periódicos de mayor solera y la BBC, que llena el mundo con sus ondas; la nación de Shakespeare y Dickens, de Chesterton y Agatha Christie, de Tolkien y Rowling…, la de los Beatles y los Rolling, la de Chaplin y Mr. Bean… la que presume de Londres con el puente, el reloj y la noria más famosos del mundo. La historia ha vencido al presente.

¿Grandeza o debilidad?

Catalunya debe ser la región de Europa donde David Cameron es más admirado, por atreverse a aceptar el referéndum escocés y haber propuesto ahora que el pueblo decidiera seguir en la UE o salir de ella.

En apariencia no hay político más noble ni más demócrata que el que consulta a la gente qué hacer en las decisiones importantes. Pero detrás de esta apariencia hay una debilidad que quiere subsanarse, en este caso la división provocada por euroescépticos dentro del Partido Conservador.

¿Acaso no es representativo de la sociedad el Parlamento Británico, elegido en las urnas? ¿Cómo se explica que con un Parlamento con las tres cuartas partes favorable a seguir en la UE, se vaya a un referéndum en el que los sentimientos y la propaganda logren un resultado tan distinto? No estoy abogando por el despotismo ilustrado, sino por una democracia representativa.

El mismo Cameron dijo hace un par de días que salir de la UE sería una decisión muy negativa. Pues ¿por qué, pudiendo evitarlo, no evita este desastre? ¿No fue elegido para gobernar? Si el pueblo decidiera siempre, el presidente del gobierno no debería ser un líder, sino un sociólogo.

Una pregunta final: ¿Habría aceptado Winston Churchill encuestar a los británicos si creían conveniente entrar en guerra contra Hitler antes de que el genocida atacara a Gran Bretaña? ¿Y qué creen que habría salido? ¿Y quién hubiera mandado en Europa?

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