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La hora de lo público

La sanidad es uno de los grandes servicios públicos que ha de mantenerse en el terreno neutral de lo colectivo

Diari de Tarragona

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La sanidad es uno de los grandes servicios públicos que ha de mantenerse en el terreno neutral de lo colectivo. FOTO: EFE

La sanidad es uno de los grandes servicios públicos que ha de mantenerse en el terreno neutral de lo colectivo. FOTO: EFE

Pese a la cansina insistencia de la derecha extrema, el debate español no es entre el liberalismo y el socialcomunismo. La dialéctica que nos atenaza es, sencillamente, sobre el tamaño del Estado, entre quienes abogan por el estado mínimo que deje todo el espacio posible a la economía privada y mantenga sólo un escuálido estado de bienestar, y quienes pretenden un estado suficiente, que en el marco de la economía de mercado mantenga en manos públicas algunos servicios esenciales y determinadas prestaciones sociales que están en la base de la seguridad y de la confianza en el futuro de los ciudadanos. El neoliberalismo había intentado privatizar en lo posible la sanidad, o al menos la gestión de la sanidad, reduciendo el tamaño de la Sanidad pública, que pasó de representar el 7% del PIB al 6%. Y eso es lo que nos hemos encontrado al sobrevenir la gran pandemia: la sanidad privada no es el escudo ideal y ha habido que apelar a la pública, desmantelada, con poco personal, sin recursos ni medios porque nadie había pensado en la posibilidad de una gran emergencia. La sanidad es uno de los grandes servicios públicos que ha de mantenerse en el terreno neutral de lo colectivo (sin perjuicio de que perviva la magnífica sanidad privada que tenemos) y ha de dimensionarse preventivamente para responder a las futuras amenazas. Este no puede ser un esfuerzo aislado. Ni la reconsideración de lo público puede limitarse a la educación, a la sanidad, a los servicios sociales. Es preciso desarrollar el principio de subsidiaridad, de tal forma que vaya a manos públicas aquello que lo requiere porque entraña valores y afecta al bien común, y que permanezca en manos privadas lo que ha de mantenerse en el terreno de la competitividad y de la productividad. Y además, lo público debe modernizarse, en pos de la eficiencia, mediante una reforma a fondo de la administración que incluya la completa racionalización, la desburocratización y la digitalización para que, con menos efectivos, se consigan mejores resultados.

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