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La hora del equilibrismo

Desconfío por sistema de quien, en una noche electoral, menosprecia la voluntad popular
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Desconfío por sistema de quien, en una noche electoral, menosprecia la voluntad popular, pone en duda la legitimidad de los resultados o cuestiona la inteligencia de determinados votantes... Esos que pontifican que tal partido ha triunfado o tal otro ha subido como la espuma porque «el electorado tiene muy poca memoria», o «vive manipulado», o «le han engañado porque es fácil de engañar». No sólo es ofensivo, casi xenófobo, dar por hecho que sólo desde la ignorancia se puede optar por determinada opción política; sino que, además, es arrogante, es propio de quien se cree en una jerarquía intelectual superior. Y lo digo por quienes no digieren tanto la victoria de Ada Colau en Barcelona, como el batacazo del PPaquí y allá o la irrupción de Ciudadanos y la CUP en tantos Ayuntamientos. Que listillos de esos –que no saben perder– los hay en todas partes.

En Tarragona, Ballesteros ha salvado los muebles. Con lo que desgastan dos mandatos, y en un contexto de claro giro soberanista y de descrédito de los partidos tradicionales, se puede dar con un canto en los dientes con esos nueve concejales. Tiene suerte, además, de que nadie le sigue de cerca, lo que impide siquiera que haya debate sobre quién debe ser el alcalde. Eso sí:le esperan cuatro años de equilibrismo. Las matemáticas dictan que para cualquier acuerdo, para cualquier aprobación en el pleno, va a necesitar el apoyo de al menos otros dos partidos –además del suyo–. Ningún pacto a menos de tres bandas puede aritméticamente sumar. Eso complica la gobernabilidad pero a buen seguro que enriquecerá el debate. Nos divertiremos.

 

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