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La idea de Iberia S.A.

Políticamente hablando, Iberia S.A., comprendiendo incluso a Andorra y Gibraltar
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Llama la atención a cualquier lector curioso , que no sea radical ni “de la ceba”, que un lugar tan idóneo como la península ibérica, geográficamente hablando, tenga una historia tan asendereada. Porque, como su nombre dice, es casi una isla. Los habitantes de esa península deberían vivir más como hermanos que como vecinos.

La realidad es la que hay: un lío de Estados, de naciones, de nacionalidades y de regiones. Suerte que la península no puede desgajarse.

Esta península tiene casi 584,000 kilómetros cuadrados, con una población aproximada de 54 millones de personas. Dicen que la recta más corta, a su través, del océano Atlántico al mer Mediterráneo es la línea que lleva de Bayona hasta Cambrils.

Su nombre es de lo más discutido. Los más antiguos son IBERIA, que le dieron los griegos, por un río Iber, cerca de Huelva (no del actual Ebro) y así mencionan esos territorios Apiano de Alejandría, en el silgo II, Estrabón, y otros; e HISPANIA, que le dieron los fenicios. Los fenicios, como mercaderes, pudieron darle este nombre por ser tierra de forjadores de metales (en su idioma “I-span-ya”. También se alude a una divinidad fenicia “Baal Sapan” a la que se rendía culto cerca de Gades (Cádiz). Los romanos impusieron el de Hispania para sus tres provincias.

Pues bien, el Azar dispuso que esa península, separada de Europa por los montes Pirineos, nunca estuviera políticament unida como España, salvo el corto período entre 1580 y 1640, en que Portugal formó parte de la monarquía española (pero aún así, faltaría Andorra). O sea, que nada de nada.

Sería ocioso en esta columna rememorar las decenas de autores – y grandes plumas – que hablan de este tema.

Pero, releyendo un librito del siglo XVIII, encontramos a un autor, José Cadalso y Vázquez, natural de Cádiz, que lo escribió con el nombre de “Cartas marruecas” a imitación del estilo q ue Montesquieu había iniciado con sus “Cartas persas”.

Cadalso murió siendo coronel del ejército en el sitio de Gibraltar el 12 de febrero de 1782, en la batería de San Martín, en primera línea, dando ejemplo a sus soldados.

Menéndez y Pelayo alabó estas cartas, y fue Azorín el que le descubrió: le considera el precursor de Larra y Joaquín Costa, por los trazos en que descubre su dolor por esta península tan martirizada históricamente. De este librito voy a entresacar unas líneas que dedica a los catalanes. Dicen así:

Los catalanes son los pueblos más industriosos de España. Manufacturas, pesca, navegación, comercio y asientos, son cosas apenas conocidas de los demás pueblos de la península, respecto de los de Cataluña. No sólo son útiles en la paz, sino del mayor uso en la guerra. Fundición de cañones, fábricas de armas, vestuario y montura para ejército, conducción de artillería, municiones y víveres, formación de tropas ligeras de excelente calidad, todo esto sale de Cataluña. Los campos se cultivan, su población se aumenta, los caudales crecen y, en suma, parece esta nación a mil leguas de la gallega, andaluz y castellana. Pero sus genios son poco tratables, únicamente dedicados a su propia ganancia e interés. Algunos los llaman los holandeses de España…

A Cadalso no se le ocurrió, pero sí a otros, que toda la península podría llegar a ser un solo país. Políticamente hablando: Iberia S.A., comprendiendo incluso Andorra y Gibraltar. Las Comunidades Autónomas seguirían como federadas a esa sociedad, en la que Andorra, Portugal y Gibraltar mantendrían sus propias institruciones. Con una especie de Senado o Comisión Superior, en representación proporcional de todos, que actuaría así dentro de Europa.

Una utopía, un sueño. Pero quitaría muchas pesadillas.

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