La justicia poética del Gordo de Navidad

ÁLEX SALDAÑA

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Durante los días previos al sorteo de la Lotería de Navidad casi todos hemos soñado y nos han bombardeado –al menos, a mí– con mensajes llenos de recomendaciones en torno a qué hacer con el dinero del Gordo en el improbable caso de que nos tocara. Que si pagar la hipoteca, que si comprar una casa, que si adquirir un coche, hacer un viaje, invertirlo en un fondo… Sí, conozco a gente que le ha tocado la lotería en alguna ocasión y ha hecho alguna de estas cosas. Pero el Sorteo de Navidad tiene una magia especial y siempre nos deja historias curiosas, agradables y que, en ocasiones, hacen que se nos salte una lagrimita. A mí me ha llegado al alma la historia de Emiliano Martín, un hombre de Punta Umbría (Huelva) que ganó 1,2 millones de euros gracias a los tres décimos del Gordo del año pasado que le regaló su suegro. Emiliano, técnico electrónico, llevaba tres años en paro, tras haber dejado su empleo para cuidar de su mujer, a la que le diagnosticaron esclerosis sistémica. La pareja sobrevivía con el sueldo de sus padres y les preocupaba qué pasaría cuando ellos no estuvieran. Bien, pues el bueno de Emiliano dedicó el Gordo a seguir ocupándose de su mujer, ahora sin la preocupación de tener que buscar un trabajo. Sí, hay veces en que la suerte sonríe a quien la necesita y a uno hasta le parece que existe cierta justicia poética.

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