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La larga mano del FBI

El FBI ha acabado con el ínclito presidente de la FIFA, la mayor sinecura del último siglo, con una silenciosa investigación de años
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La dimisión forzada de Joseph Blatter al frente de la FIFA, esa gran finca del peculado internacional, ha sido posible por una investigación del FBI que, según se ha dejado decir, ha durado años y estaba lista con «los elementos suficientes», pero terminada, y que la fiscalía general de los Estados Unidos, ha revelado en la víspera misma de la apoteósica reelección -la quinta- del interesado. Lo probable es que nos muramos sin saber realmente lo que ha sucedido pero sí podemos suponer racionalmente que la decisión de revelar la existencia de la investigación y, sobre todo, su fecha han sido claramente escogidas por la fiscal general, Loretta Lynch. Washington aparece en ese momento como una suerte de gran gendarme internacional que, con paciencia franciscana, ha gastado años en identificar las bases de la estructura de corrupción de la FIFA. Estados Unidos es una potencia secundaria en fútbol y hasta hace muy pocos años, del todo irrelevante, pero su ‘longa manus’ cuando se trata de saber cómo se gasta su dinero, el de sus contribuyentes, no se atiene a ese argumento y se inscribe así en el catálogo de iniciativas que, juntas, forman lo que una expresión que hizo fortuna llama ‘soft power’ (‘poder blando’). El caso Blatter lo acredita. El FBI ha acabado con el ínclito presidente, quien probablemente aspiraba a abandonar el cargo, la mayor sinecura del último siglo, solo con un pie en el definitivo estribo.

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