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La matanza de Peshawar

La emergencia de los talibanes en los años 90 suscitó todos los comentarios
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El asesinato el martes de 132 jóvenes estudiantes pakistaníes en un colegio militar en Pehsawar ha suscitado una conmoción mundial, es el récord de vesania de los talibanes, es horrible e incalificable desde el punto de vista moral. Pero tiene una lógica interna y no es, en puridad, una sorpresa completa.

Los talibanes (literalmente los «estudiantes») nacieron de repente a principios de los noventa con un Afganistán al borde de la desintegración. Su emergencia poco menos que milagrosa suscitó todos los comentarios, incluyendo el de que los alumnos de religión de las madrasas pakistaníes habían sido convertidos en guerrilleros eficaces. por el propio poder pakistaní, claramente dicho por sus servicios secretos militares, el ISI por su sigla en inglés.

Aún recuerdo un gran artículo de Bruno Philip en Le Monde al respecto y la estupefacción que causó el fenómeno talibán, capaz de ocupar militarmente el país entero, con la sola excepción del pequeño territorio del norte donde se hizo fuerte el legendario comandante Ahmad Sha Mashud. Pakistán era entonces el actor indispensable en el país, algo lógico teniendo en cuenta que su frontera con Afganistán era y es una veleidad del virrey de la India, quien encargó en 1898 su arbitrario trazado a un funcionario, Mortimer Durand. Por eso los viejos manuales aún la llaman Línea Durand.

Los pakistaníes estaban en su feudo. El ISI es reconocido unánimemente como el verdadero poder tras el sillón del primer ministro de hoy, Nawaz Sharif, como el de sus antecesores.

Se debe añadir un dato crucial: los talibanes son pastunes como la mayoría de los afganos, y proceden todos de la Provincia (pakistaní) del Noroeste, donde la etnia, fuertemente mayoritaria, no se siente pakistaní y, de hecho, aspiró a ser un país independiente, el Pastunistán, en el alba de 1947.

La maniobra, destinada a ganar la partida afgana, se torció cuando otros terroristas-nacionalistas del mismo tenor fundaron el Tehrik-e-Taliban Pakistan, una especie de primos hermanos más sanguinarios.

La guerrilla pastún es ya un abierto desafío para el Gobierno del Pakistán, que ha lanzado allí una ofensiva sin precedentes. y un fracaso para el ISI que, por cierto, cambió de jefe hace solo un mes: el general Rizuan Ajtar, de formación norteamericana, relevó al tempestuoso general Zahirul Islam. En el fondo de la indigna matanza de escolares inocentes hay, pues, una historia sangrienta y antigua que emerge cuando se escarba un poco. Es la rebelión pastún en Pakistán, que también tiene un problema serio con la efervescencia del Baluchistán, pegado a la frontera afgana y donde está Quetta.

Casi un millón de almas y donde se dice y se escribe que reside la cúpula talibán afgana con el mulá Omar en cabeza, bien controlados por el ISI, el omnipresente ISI que juega a dos o muchas más barajas.

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