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La mentira de la zonificación

Francisco Montoya

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El pleno del Ayuntamiento rechazó ayer la moción presentada por el PPpidiendo que Tarragona pase a ser zona única escolar, con argumentos como que «la proximidad es un baremo que la Ley obliga a aplicar» o que «la zona única acabaría convirtiendo algunos centros en elitistas y otros en todo lo contrario».

Coincido en casi todo con quienes rechazaron la propuesta, pero de la misma manera también estoy –como ya he manifestado aquí en más de una ocasión– absolutamente en desacuerdo con el sistema de zonificación actual. La concejal de ERC Mònica Alabart puso un ejemplo durante su alegato contra la moción del PP:«En una zona única, un niño de Bonavista, si la escuela de su barrio se pone de moda y mucha gente la solicita, podría acabar quedándose fuera y teniendo que ir a estudiar, por ejemplo, a la de Sant Pere i Sant Pau».

Cierto. Tanto como que, con el sistema actual, alguien de Boscos tiene puntos por proximidad para entrar en Teresianes y quien vive en la Plaça Corsini no. Lo mismo que residir frente al Joan XXIII da puntos para entrar en Carmelites, y en cambio hacerlo en la misma Estanislau Figueres pero 50 metros calle arriba no los da. Por suerte, el concejal de Educació, Francesc Roca, abrió la puerta a revisar el sistema. Harán bien. Pero tengan en cuenta que no es una cuestión de revisar las zonas. Si lo que debe primar es la «proximidad» –eso dice la Ley–, la forma de calcularla debe ser otra. Para que todos, el de Bonavista y también el de Corsini, tengan prioridad en los centros de su barrio. Sé que soy pesado, pero es que ninguno de los 27 concejales del pleno mencionó ayer algo tan obvio.

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