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La moda del rencor

Parece que todos hayamos sustituido el patriotismo por el nacionalismo

Enrique Arias Vega

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Un amigo me cuenta un viejo aforismo. Resulta que a un genio se le aparece a un hombre ofreciéndole lo que él desee: «Mira bien lo que eliges -le dice-, porque tu vecino -a quien él odia cordialmente- recibirá de ello el doble que tú». Tras una larga noche de insomnio, el hombre le dice al genio: «Quiero quedarme tuerto».
Revelador. Hay gente, según este proverbio, que prefiere el mal ajeno -la ceguera, en este caso- aun a costa de quedarse sin un bien propio, sea el que fuera.

Ésta parece ser la moda de nuestro momento en muchos ámbitos. En la chica que antepone el que su compañera pierda el novio a conseguir ella uno. En el aficionado del Real Madrid que prefiere que pierda el Barça a que gane su propio equipo. En el trabajador que procura que no ascienda su compañero aunque ello acabe perjudicándole también a él. Y así hasta el infinito. Vivimos una moda del rencor, por no llamarle odio, que suena más fuerte y resultaría desproporcionado.

Pero es algo que vemos hasta en los partidos políticos, que deberían darnos el ejemplo de tener proyectos en pro de nuestro bienestar y cuyos programas, en cambio, consisten en perjudicar a sus adversarios, destruir sus objetivos, ir a la contra, impedir que sus rivales tengan éxito…

Mal momento pues, el nuestro, aunque los ha habido peores. Sucede como con el nacionalismo. Circula estos días por la red una vieja frase del general De Gaulle que dice «patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero. Nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero». Ya ven: parece que todos hayamos sustituido el patriotismo por el nacionalismo.

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