La paciencia de Sánchez

La impresión es que al presidente deben de estar matándole a disgustos. La gente observa y admira en silencio su paciencia 
 

27 enero 2022 08:50 | Actualizado a 27 enero 2022 08:53
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APedro Sánchez se le podrá criticar por muchas cosas, pero no por falta de paciencia. Uno le sigue y saca la conclusión de que su modelo histórico es el santo Job. ¡Dios, lo que tiene que aguantar el presidente! Y no de la oposición, que eso lo tiene incluido en su sueldo y en el derecho a volar en el Falcon, ¡qué va! La realidad es que él ya sabía hace tiempo lo que iba a ocurrir, pero lo que seguramente le quitará el sueño una noche tras otra son sus socios de coalición. Unas veces juntos y otras separados, vuelcan su esfuerzo cotidiano en llevarle la contraria. En una coalición política siempre surgen discrepancias, pero esta es una alianza singular.

Si el Ejecutivo se propone abrirse a otros partidos para conseguir los votos que le faltan para aprobar la reforma laboral, los podemitas ponen el grito en el cielo porque quieren que sean solo los diputados contrarios a la reforma los que voten a favor. ¡Habráse visto! Ahora que el mundo tiembla ante el estallido de una guerra y España está reaccionando con sus aliados de la OTAN en defensa de la paz, los socios en el Gobierno han expresado posiciones afines a quien provoca la amenaza, la Rusia de Putin.

Ocurre algo parecido con el conflicto catalán. El Estado y el Gabinete están en contra de la exigencia independentista de celebrar un referéndum y un ministro se destapa proclamando su necesidad. Es de imaginar el cabreo del presidente viendo cómo algunos de los miembros del Ejecutivo se esfuerzan por enredar los problemas y, de manera especial, las soluciones. Tal parece que la política oficial se ha convertido en el juego del dime qué opinas que yo diré lo contrario. Que hay que incrementar las exportaciones, viene un ministro a propagar por ahí afuera que la carne española es mala.

Cuando se trata de aprovechar la riqueza de nuestro idioma en el mundo, lo que se les ocurre es alentar a los que lo repudian y de paso, cambiarlo. Semejante osadía nunca se le había ocurrido a nadie. El español que hablamos todos pretenden guardarlo en el cajón de los recuerdos e imponer el inclusivo como lengua obligada de la «matria».

En fin, como el Gobierno intenta restablecer las relaciones con Marruecos, el empeño de los coaligados es defender la independencia del Sahara. Son algunos ejemplos. La impresión es que al presidente deben de estar matándole a disgustos. La gente observa y admira en silencio su paciencia. En voz alta algunos repiten el tópico de que sarna con gusto no pica, y otros, más comprensivos y preocupados por la suerte de todos, se preguntan: «¿Hasta cuándo Sánchez va a seguir aguantado?».                    

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