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La pipa de la paz

No va a ser posible que los hermanos se den fraternalmente la paz, ni falta que hace
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La crónica de José Ramón ‘Goñi’ tiene de particular que era el hijo mayor del gobernador civil de Guipúzcoa cuando se creó en el comando Mugarri. Su padre, a quien la banda terrorista ETA había intentado asesinar cuatro veces, dijo entonces que «No podía llorar su muerte porque estaba vivo».

Realmente la historia del comando comienza con ‘Rekarte’, cuando a los 16 años se adentra en el mundo de la droga que, según su relato, corría por Irún repartida por la propia policía para anestesiar a la juventud.

Un amigo abertzale de ambos llamado ‘Juanra’ se chiva al padre de Iñaki de que su hijo se inyecta caballo y lo ingresa en el Proyecto Hombre en donde conoce a un camello al que luego asesinarían (ETA mató a 37), conforme al lema: ‘Amonal o metralleta, traficantes a la cuneta’.

Mikel ‘Rentería’ tiene diecinueve años en plena movida madrileña. Se encuentra rehabilitado, tiene un trabajo bien remunerado, una novia que se llama L y se ha comprado un coche cuando ‘Juanra’ le propone alistarse en ETA y le contesta que ‘sí’ aunque debió decir que ‘no’ porque se ha podrido en la cárcel 17 años y carga sobre su conciencia con la vida de tres personas cuyos nombres no pudo reproducir en una entrevista...

Cada vez que en un libro alguien confiesa sus pecados (Iñaki Rekarte, Lo difícil es perdonarse a sí mismo, Península, Mayo 2015), los periodistas se colocan una sotana, y miran por la celosía cómo se acerca el penitente para valorar la sinceridad del arrepentimiento. Las reacciones a este libro que cuenta sus andanzas hasta helar la sangre, no se han hecho esperar siendo muy críticas al igual que algunas asociaciones de víctimas que se niegan a darle la absolución. «Ni con tres vidas que vivieras cumplirías tu condena», ha declarado la hija a la que ‘Rekarte’ dejó huérfana. A mí, sin embargo y con el profundo respeto y debida distancia, me ha recordado lo que dijo el Papa de que hay que tener mucho más valor para construir la paz que para alistarse en ETA.

‘Rekarte’ conoce en la cárcel a ‘Pakito’ al que describe como el Chocolatero responsable de unos cachorros que cuando los mandaba a matar a distancia le decían amén. El sentimiento de culpa de Iñaki comienza tras diez años en la cárcel Puerto 1 con un antes y un después de Miguel Ángel Blanco. Pero la causa de su arrepentimiento se debe a un chispazo que es como llama el terrorista a los flechazos de Cupido. Con Mónica, una gaditana de los servicios sociales que procuraba la integración de presos e hizo con ‘Rekarte’ el trabajo de su vida.

ETA anunció en octubre de 2011 el fin de la violencia y el País Vasco y Navarra viven un complejo proceso de reconciliación después de una pesadilla que comenzó a principios de los sesenta. Hasta entonces había asesinado a 829 personas, dos tercios en Euskal Herría, entre ellos a 8 miembros de la propia banda por decir la mitad de lo que ‘Rekarte’ ha dejado escrito.

Hoy muchos vascos que huyeron de la violencia regresan a su tierra sobre la que sobrevuela una paloma blanca. No va a ser posible que los hermanos se den fraternalmente la paz, ni falta que hace, basta que nadie haga tiro de pichón pues jamás podrán encontrar siquiera un relato aceptado por todos de lo que ha sucedido desde que en la estación de Amara mataran a una niña de 22 meses cuya humilde madre la había dejado en consigna porque iba a comprarle unos zapatitos.

La historia enseña que la Ley del hombre es la del péndulo: la semilla es el odio que produce la violencia que causa el horror al que sobreviene la conciencia que no está hecha para destruirnos, sino para escarmentar. Hasta que, como en Colombia, cesa por saturación. Pedir perdón y perdonar no es un negocio recíproco sino dos actos unilaterales. Al quien lo pide, le ha de bastar la contrición dado que nadie puede exigir el consuelo. Y la indulgencia de quien lo da, no necesita el arrepentimiento del redimido.

Un conocido me dijo que a quienes nos ofenden les tiene mucho cariño desde que los visita el día de difuntos en un panteón imaginario. Por si a alguien le sirve de consejo, me explica que se va a la catedral de Tarragona, se coloca debajo de una de esas columnas que te hacen sentir muy pequeño, y les da la libertad por el puro egoísmo de poder ser libre él. Y de paso, no tener que tomarse unos potes en la herriko taberna.

De todas formas, nunca digas que de este txakoli no beberé ni fumaré de esa pipa porque se producen encuentros en la tercera fase. Mónica fue la luz al final del túnel de Iñaki ‘Rekarte’ y otra Mónica que descansa en paz me proporcionó a mí la posibilidad de darle un abrazo a un espectro que se ha hecho carne. De ‘Juanra’ no he podido averiguar su desenlace, pero José Ramón ‘Goñi’ sigue en la banda terrorista ETA y reside en Francia donde lleva una vida clandestina. Mira lo que hace la sangre que el gobernador civil lo ha perdonado y llora, pero porque se muere por verlo.

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