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La pitada

Ni todos los seguidores del Athletic Club, ni los del Barça están de acuerdo con la pitada
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Lo que ocurrió en el Camp Nou antes del partido del final de la Copa del Rey se puede calificar como “la pitada”, porque fue la más sonora de cuantas se han registrado en un campo de fútbol. Es de récord Guiness.

Desde hacía un tiempo, distintos grupos de catalanes y vascos preparaban esta pida. Lo hacía prever tanto la venta de pitos como las redes sociales. Lo sabían muchos, muchísimos, casi todo el mundo. Nada se hizo para intentar disminuir esta pitada, siguiendo la política del laissez fair, laissez passer.

Después de la pitada, una pitada histórica, se plantean varios interrogantes. El primero es saber quién pitaba más, porque el 75 por ciento del Camp Nou estaba ocupado por seguidores del Athlétic Club de Bilbao, aunque no pocos llevaban banderas “estelades”. Por lo visto muchos socios del F.C. Barcelona vendieron sus entradas para ese día a muy buen precio. O sea que las tres cuartas partes del aforo estaban ocupadas por seguidores del equipo vasco y solo un cuarto por seguidores del equipo catalán.

El rey Felipe VI se mostró impasible. Los presidentes Artur Mas e Iñaki Urkullu reían por debajo de la nariz. ¿Es bueno organizar esa pitada en un torneo que se llama del Copa Rey o de España? ¿Las aficiones pueden hacer lo que quieran? Hasta cierto punto. El torneo de la Copa del Rey está abierto a los equipos españoles, y si se llega a una final y se desprecia al país o a la persona que entrega la copa, no se entiende bien. Es como jugar la final de la Champions y silbar el himno de Europa. Por otro lado, las aficiones no suelen tener un solo color político: ni todos los seguidores del Athletic Club, ni los del Barça están de acuerdo con la pitada.

En las últimas elecciones se vio que el independentismo alcanzaba el 45 por 100 de los votos, menos de la mitad de la población catalana, o sea que no se puede decir que la pitada es el “clamor unánime” de un pueblo.

La culpa de la pitada no es del fútbol, sino de quienes utilizan el fútbol para hacerse oír, nunca mejor dicho. ¿Por qué se ha dado entonces en el fútbol? Porque se ha tolerado y nadie tomó precaución alguna, ni los clubes ni las autoridades.

Hay un dicho que dice que si quieres ser respetado, respeta tú a los demás. ¿Hubo respeto? No creo. Mejor dicho, no. Mas dijo que el gobierno hará el “ridículo” si hay sanciones, pero nada dijo si había que respetar los símbolos y las instituciones en los campos de fútbol. Íñigo Urkullu fue más cauto: hay que respetar las instituciones, pero no entiende que haya sanciones.

En la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte se habló que si un club no consigue que su afición respete un torneo deportivo, en este caso la Copa del Rey, es mejor que no participe en él y por lo tanto la sanción consistiría en excluirlo. Sería demasiado gordo, y en absoluto sería una fórmula castigar a jugadores y afición (la otra afición) sin esta copa.

El Barça y el Bilbao se pasean a lo largo y ancho de la geografía española durante el Campeonato de Liga y no hay problemas, pues prevalece el deporte sobre otras cuestiones. Sin embargo, una final es una ocasión única para que un grupo numeroso de aficionados –los que llevan estelades por todas partes-- organice el concierto de pitos, trompetas, tenoras, clarinetes, etc. Porque había de todo en el Camp Nou para hacer ruido.

De la misma manera que los clubes están obligados a controlar que los aficionados no vayan al campo con objetos que puedan generar violencia, y que se ha animado a todos los aficionados para que no haya insultos racistas, xenófobos, o que humillan al otro club, también se puede controlar que no entren trompetas, clarinetes y tenoras en el campo. Si no vale humillar al equipo rival, ¿cómo va a valer insultar a un himno o una institución?

Lástima que, al final, la gran mayoría de los que llenaban el Camp Nou, los aficionados del Athlétic Club, tuvieran que irse cabizbajos al no haber conseguido el trofeo, tras silbar y silbar al patrocinador del mismo. Y el paso-pijo de Neymar, ¿estuvo bien? A muchos bilbaínos molestó. ¿Hay que hacer en el fútbol cosas que molestan? No se debería ¿no?

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