La princesa y el plebeyo

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

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Parece una historia propia de otro siglo, de un pasado remoto, aunque sucedió ayer mismo. Mako, la sobrina mayor del emperador Naruhito y primogénita del príncipe heredero al trono japonés, se casó con su alma gemela, Kei Komuro, un compañero de la universidad. Y esto que parece tan normal, no lo fue en absoluto. La unión no contó con el boato habitual que cabría esperar de la boda de uno de los miembros del linaje dinástico más antiguo del planeta. Más bien al contrario, Mako se ha visto obligada a abandonar la familia imperial por elegir como esposo a un varón por cuyas venas no corre la selecta sangre azul. Una sangre que tampoco corría por las venas de las esposas de su abuelo –el emperador emérito Akihito– ni de su padre –el príncipe heredero Fumihito– ni de su tío –el emperador Naruhito–, los tres casados con mujeres ajenas a la realeza. Pero el caso de Mako es distinto: ella es mujer. ¿Cómo se atreve? Así que la ya exprincesa, que cumplió 30 años el pasado sábado y que ha renunciado a los 1,2 millones de euros que le corresponderían por salir de la institución, es desde ayer una simple mortal. Graduada en Arte y Patrimonio Cultural por la Universidad Cristiana de Tokio, donde conoció a su media naranja en 2012, Mako también cuenta con un máster en Museología y Galerías de Arte de la Universidad de Leicester, un currículum con el que no debería tener problemas para encontrar un buen empleo. Ojalá encuentre también la felicidad al lado de Kei. Ha luchado mucho por ello contra unas tradiciones y unas instituciones desfasadas y anacrónicas ya avanzado el siglo XXI.

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