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La quita griega, mal menor

Grecia será el banco de pruebas de una nueva política económica, social y financiera en la Unión Europea si Syriza gana las elecciones
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Grecia será el banco de pruebas de una nueva política económica, social y financiera en la Unión Europea si Syriza gana las elecciones generales del próximo día 25 de enero. Si Alexis Tsipras se convierte en primer ministro, el país, pendiente de recibir 7.000 millones de euros del rescate de la UE y necesitado de uno nuevo, avanzará hacia el enfrentamiento contra el modelo del ajuste de déficit que lideran Merkel en Alemania, la Comisión Europea en Bruselas y el FMI en Washington. Un choque que en España defiende Podemos y que pretende un cambio radical de la estrategia contra la crisis que incluye como prioridad la reestructuración (y el impago de una parte) de la deuda pública.

Grecia, como admiten incluso los economistas de la Troika en privado, nunca podrá pagar su deuda pública, que es de un 175,5% de su Producto Interior Bruto (PIB) y a la que hay que sumar la privada. Entre otras cosas, porque depende casi exclusivamente del exterior para poder financiarla por falta de ahorro interno. Por ello, no cabe otra que reducir la carga, sea renegociando plazos o acordando una quita. No se trata de un eslogan de la izquierda radical sino de una operación que interesa a los propios estados miembros de la Unión Europea, principales acreedores de la economía griega tras la salida de bancos y fondos de inversión.

La estabilidad de los mercados no puede edificarse a costa del bienestar de millones de personas. Por mucho que sea legítimo pensar que hay que pasar factura a la mala gestión pasada e incluso a la corrupción y sea necesario un cierto escarmiento. Hay otros actores que también han sido responsables de la Gran Recesión y no han merecido tal castigo (organismos supervisores, bancos, administraciones que han malgastado de mala manera el dinero público, ...) que también han recibido ayudas por parte de Europa y a los que se ha perdonado más fácilmente que a los griegos porque son menos frágiles que ellos. Reordenar la deuda es factible y es un mal menor ante el riesgo de default o suspensión de pagos y caos, no lo duden.

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