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La realidad depreciada

El independentismo ha venido para quedarse mientras no se articule una estrategia política que reste argumentos a los rupturistas
 

Dánel Arzamendi

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Decía John Lennon que la vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes. Efectivamente, la mente humana se caracteriza por su irrefrenable tendencia a fabular sobre construcciones mentales deseadas pero hipotéticas que frecuentemente invisibilizan la verdadera naturaleza de las cosas, un fenómeno agudizado en la era de la posverdad. Algo parecido ocurre con ciertas ideologías, empeñadas en plantear imaginativos retos de futuro mientras la realidad discurre por otros derroteros.

En términos generales, cuanto más sectario es un movimiento, menos le preocupa que los escenarios propuestos sean machaconamente desmentidos por el devenir empírico (pensemos, por ejemplo, en esos grupos que tienen perfectamente identificada la fecha del fin del mundo, y que no tienen el menor rubor en posponerlo cuando llega el día del apocalipsis y no pasa absolutamente nada). 

A nivel político, suele ser habitual que los ideólogos de turno intenten urdir a posteriori un relato argumental que explique por qué las cosas no son como dijeron que iban a ser, aunque para ello tengan que negar la evidencia sin que se les escape una carcajada. 

Comprar motos

Como decía Groucho Marx, ¿a quién vas a creer, a mí o a tus propio ojos? Lo triste es que siempre hay una multitud dispuesta a comprar cualquier tipo de moto argumental, por disparatada que sea, si ratifica las propias convicciones.

Mucho se ha escrito sobre el mundo virtual que el independentismo ha creado durante los últimos años para mantener viva la llama de la movilización, aunque todavía hay quien se atreve a negar que el camino hacia la arcadia soberanista estaba trufado de medias verdades y mentiras descaradas. Se suponía que las democracias occidentales no iban a permitir que la Generalitat fuese intervenida, las grandes empresas se darían empujones por trasladar sus sedes a Catalunya, existía un acuerdo secreto con numerosos países que reconocerían ipso facto la nueva república, las instituciones comunitarias iban a expulsar a España si imponía la legalidad constitucional por la fuerza, las estructures d’estat llevaban años preparadas para activarse en cuanto se declarase la independencia, etcétera. 

Ceguera psicosomática

Este gran teatro se ha venido abajo en apenas unas semanas, aunque algunos se obstinen en seguir creyendo un relato mágico que les permita seguir caminando en la rueda del hámster. Ceguera psicosomática de libro.

Sin embargo, hoy no pretendo ahondar en este gran timo, sobradamente acreditado por los hechos, sino poner de relieve que uno de los motivos fundamentales que nos han conducido al actual precipicio es el consumo igualmente excesivo de alucinógenos por parte de sus antagonistas políticos. 

Efectivamente, pese a las innumerables alertas recibidas desde todos los ámbitos (institucionales, periodísticos, académicos, empresariales) el Estado sigue sometido a una creencia categóricamente desmentida por la realidad: la teoría del suflé.

No es un suflé

El propio Rajoy lleva años escondido bajo las togas judiciales y se niega a abrir los ojos ante la evidencia: el independentismo ha venido para quedarse mientras no se articule una estrategia política que reste argumentos a todos aquellos catalanistas que se han convertido abruptamente al rupturismo. Y así, entre los viajes psicodélicos de los de aquí y las lentillas de madera de los de allí, hemos fraguado un desgarro social cuyas heridas tardarán décadas en cicatrizar.

El último personaje que se ha apuntado a esta feria del ilusionismo es Javier Arenas: «espero y deseo que PP, Ciudadanos y PSOE tengamos más generosidad que nunca para que, antes o después de las elecciones, alcancemos los acuerdos que se tengan que alcanzar para que haya un gobierno en Catalunya que respete la Ley, la Constitución y el Estatuto». 

Tendría que consultarlo con mis amigos penalistas, pero yo diría que el mero hecho de pronunciar esta frase debería ser indicio suficiente para detener al exministro por consumo de estupefacientes. ¿En qué mundo de fantasía vive el vicesecretario nacional del PP? Según todos los estudios demoscópicos, los comicios del 21-D sólo ofrecen dos posibles resultados: el bloque secesionista puede mantener el control del Parlament (en cuyo caso volveríamos a la casilla de salida, alimentando la disparatada dinámica de las jugadas maestras y las independencias en diferido), o bien esta mayoría absoluta puede desvanecerse gracias a un gran resultado de En Comú Podem-Catalunya en Comú (una formación que jamás compartirá Govern con la derecha española).

De estos datos podemos extraer tres conclusiones fundamentales. Primera, el gobierno pronosticado por Arenas es fácticamente inverosímil (la suma Cs+PSC+PP se encuentra a una distancia galáctica de esta posibilidad). Segunda, ERC será la única fuerza segura en la nueva Generalitat (ya sea en un reeditado ejecutivo independentista, o bien en un pacto de izquierdas). Y tercera, el conflicto soberanista seguirá en la agenda política, sea cual sea el resultado electoral (recordemos que los comunes también defienden el referéndum de autodeterminación).

Supongo que los proyectos del PP para Catalunya constituyen la demostración palpable de que la vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes.

*Dánel Arzamendi es abogado de empresa y desde hace más de una década publica artículos de opinión en diversos medios, colabora como tertuliano en Onda Cero Tarragona y es autor de la novela ‘A la luz de la noche’. 

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